miércoles, 27 de febrero de 2013

Sancho Panza/ refranes manchegos del Quijote




En más de una ocasión me he referido a mi padre como aficionado a recitar refranes, los refranes en La Mancha, “siempre han trabajado”, aunque ya han caído bastante en desuso, cualquier persona mayor te sabría recitar un montón,  en el Quijote. 
Sancho Panza va a ser el personaje principal,  de mis nuevos relatos de "Cuando Don quijote paso por Pinarejo", no solo va a pasar por Pinarejo, sino que Sancho va a nacer en Pinarejo. Ya veremos a ver que sale.

 Sancho Panza representa al campesino manchego, es la mitad perfecta de Don Quijote, o su mitad complementaria, se representa, o al menos es un poco la imagen que se nos da, como imprudente en ocasiones, en otras excesivamente lo contrario, rudo, vulgar pero capaz de razonar en términos filosóficos impresionantes, comilón hasta la glotonería, pero muy fiel a don Quijote, el cual le contagia su locura, su habla y su mentalidad, como si poco a poco fuesen intercambiando sus papeles.
Sancho es el personaje realista de la novela, ve y busca el lado práctico de las cosas, su astucia en ocasiones nos recuerda a ese clásico castellano “El Lazarillo de Tormes”, mi clásico favorito, es un bromista, se burla de los poderosos a los cuales miente con maestría, como el viaje de Clavileño, se le presenta como egoísta y ambicioso, pero al mismo tiempo como un ser bondadoso, fiel y sobre todo leal.
Sancho Panza, a pesar de esa primera imagen, no es un personaje vulgar y rudo como se puede creer.   A lo largo de la historia Sancho se va amoldando a su señor y se va pareciendo más a él: la evolución de Sancho es evidente en la novela. Termina comportándose y hablando como Don Quijote, es un hombre del pueblo, simple y rústico.

Refranes manchegos de referidos  por sancho Panza en el Quijote:

A buen salvo está el que repica.
Al buen entendedor pocas palabras.
Ándame yo caliente y ríase la gente.
Buen corazón quebranta mala ventura.
Buen servicio, mal galardón.
Come poco y cena más poco; que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.
Cortesías engendran cortesías.
Cuando a Roma fueres, haz como vieres.
Cuando a Roma fueres, haz como vieres.
Cuando joven de ilusiones, cuando viejo de recuerdos.
Dar tiempo al tiempo que no se ganó Zamora en una hora.
Del hombre arraigado no te verás vengado.
Donde menos se piensa se levanta la liebre.
El dar y el tener seso ha menester.
El hombre pone y Dios dispone.
El piadoso cielo socorre en las mayores necesidades.
El que ve la mota en el ojo ajeno, vea la viga en el suyo.
En casa llena presto se guisa la cena.
En febrero, mes cebadero, y cabrito en caldero
En mucho más se ha de estimar un diente que un diamante.
Enfrenta la lengua; considera y rumia las palabras antes de que salgan de la boca.
La culpa del asno no se ha de echar a la albarda.
Las iras de los amantes suelen parar en maldiciones.
Las necedades del rico por sentencias pasan en el mundo.
Más vale al que Dios ayuda que al que mucho madruga.
Más vale el buen nombre que las muchas riquezas.
Más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.
Por San Juan (24 de junio) quemó la vieja el telar.
Promesas de enamorados son ligeras de prometer y muy pesadas de cumplir.
Querer atar las lenguas de los maldicientes es lo mismo que querer poner puertas al campo.
Quien a buen árbol se arrima buena sombra le cobija.
Quien busca peligro perece en él.
Quien siembra vientos, recoge tempestades.
Quitada la causa se quita el pecado.
Se templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto ni cumple palabra.
Todo mal nace de la ociosidad, cuyo remedio es la ocupación honesta y continua.
Todos los duelos con pan son menos.
Todos los gatos son pardos.
Viejo casado, muerto o corneado.

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