viernes, 5 de julio de 2013

Las raíces y las ramas de las gentes de Pinarejo


Nuestras raíces, las raíces de las gentes están hundidas en la historia, en un retrato color sepia o blanco y negro, son nuestros antepasados, aquellas gentes de tez curtida y quemada por el sol, de segadores incansables, luchadores que no tenían tiempo para aburrirse, porque sus trabajos eran del alba al crepúsculo sin descanso.  
Nuestras raíces son el pisar los charcos, romper el hielo de los mismos en el frío invierno, jugar en la calle entre el polvo y el barro, andar con las piernas desolladas, alguna descalabradura. Ir al campo con nuestros padres y jugar a trabajar con los primeros dientes   y los mocos verdes colgando, subir en la trilla o cortar girasoles más grandes que nosotros mismos, ir a quitarle nueces a la noguera de Palote o hacer alguna trastada no del todo inocente.

Nuestras raíces son aquellas tardes de vaquillas en plazas hechas con carros y galeras y después con remolques, con cuervas en lebrillos, y carne y tizne en la plaza, comer las cosas con ceniza, que hasta los ateos decían, “quien no come ceniza no va al cielo” y comíamos ceniza sin problemas, disfrutando del chorizo, del somarro o la sardina como si fuese el más exquisito manjar.
Nuestras raíces son aquellos días de matazón, con mujeres, hombres, viejos y críos participando de la misma, la preparación de los chorizos, de las morcillas, perniles, brazuelos…en aquellos días de invierno  que me traen el aroma del aguardiente con el cual se limpiaban las tripas para para hacer los embutidos, ese mismo aroma generoso para hacer los exquisitos aguardentados o para recibir a las visitas en aquellos días de puertas abiertas de Navidad.


Nuestras raíces son las raíces de todos los pueblos de esa vieja tierra que es Castilla, ahora diluida en una España que la ignora y que se apropia de su historia, su lengua y es culpada de sus males cual madrastra opresora, siendo sufrida cenicienta que ante la incomprensión calla. Tierra que se mete en las entrañas dando forma a nuestros recuerdos y nostalgias que no hacen evocar todos los días aquella tierra seca que nos vio nacer, que llamamos La Mancha, esa Mancha tan nuestra y tan de todo el mundo, asociada a un libro increíble pero también a unos personajes que nunca existieron y que sin embargo son tan nuestros, más sanchos que quijotes, nuestras raíces buscan la querencia conforme la maldición bíblica de volver al polvo se haya más próxima.



Nuestras ramas, escapan de nuestro control, se extienden fuera de nuestra voluntad, por otras tierras ajenas, que intentamos hacerlas nuestras, pero que sabemos extrañas, apenas nos damos cuenta, pero conforme las ramas se alejan de la tierra, más cercanos nos sentimos de nuestras raíces, más somos gentes de Pinarejo.
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