viernes, 6 de septiembre de 2013

Nostalgia (Evolución de la población en Pinarejo)


Los más jóvenes no lo recuerdan ni lo vivieron, pasear por las calles desiertas de Pinarejo, de nuestro pueblo era algo inimaginable para nuestros abuelos, las siestas podían llegar a ser una pesadilla con tantos críos jugando en la calle, muchos intentábamos espiar la llegada de las cigüeñas cuando alguna mujer estaba a punto de dar a luz, pero por Pinarejo nunca pasaban las cigüeñas o lo hacían a escondidas, pues nunca las llegamos a ver, luego se ve que estos pájaros tan comunes en el norte de Castilla, de Cuenca para abajo no pasaban y las mujeres marchaban a Cuenca a recibir el regalo de un hermoso o hermosa chiquilla, que no guacha, porque en Pinarejo los guachos tienen alas y a esos si los veíamos.

La chiquillería teníamos muchos puntos de reunión, dependiendo de la edad o sexo, la mayoría la plaza,o el  viejo molino, la Carrera y los mayores por la torre donde jugaban a la pelota o frontón, otros se iban a las eras a bolear o tirar de reja.  Mi lugar preferido era el viejo molino, donde lo mismo jugábamos a indios y vaqueros como a don Quijote, pero también a “rojos” y “nacionales” y ni quienes éramos hijos de rojos y luego fuimos rojos, queríamos ser rojos, porque los rojos eran malos, malísimos además de ser judíos, y todos sabíamos que los judíos habían matado al niño Jesús, y nadie quería ser cómplice, aunque al final terminabas enterándote que tú eras rojo e hijo de rojos que además eran muy buenas personas, así que al final se terminó por no jugar a “rojos” y “nacionales” para “evitar disgustos”. La opción preferida era la de indios y vaqueros, ahí no me importaba ser indio, porque nos daban pena, pensábamos que a los indios le mataban de verdad en las películas del Oeste, ignorábamos que les mataron de verdad en la realidad.

Los críos entonces, a la vez que numerosos éramos muy religiosos, y de ningún modo nos saltábamos una misa, ni un rosario, por temor al castigo divino, pero sobre todo por temor a los contundentes capones de don Gregorio, el cura de Pinarejo por aquel entonces, al cual si nos lo cruzábamos por la calle,cuando no  nos daba tiempo a escapar y escondernos, íbamos presurosos a  arrodillarnos y besarle la mano. La religión a muchos nos entraba a base de capones, tal vez por ello nos salió pronto cuando lo que rima con capones se pobló.

Del mismo modo que todas las chiquillas tenían sus cuerdas para saltar a la comba, o sus gomas elásticas acompañadas de canciones, que si las hubiésemos cantado los chiquillos pronto se habría desatado la tormenta, ellas entonaban y tenían ritmo, nosotros aparte de patosos éramos unos borricos y no hubiesemos dejado dormirr la siesta ni al más sordo del pueblo. Nosotros teníamos nuestros gomeros, para tirar piedras contra los nidos de los gorriones, nuestros aros, nuestros tejos, y la pídola, con patada en el culo que no recuerdo como se le llamaba.

  En fin, hoy al ver la evolución de la población en Pinarejo me ha entrado nostalgia de aquellas tardes de ruidoso bullicio jugando por las calles de Pinarejo, de escuelas llenas…hoy ya no queda ni escuelas.







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