martes, 12 de noviembre de 2013

Brunegilda, la valquiria toledana


Brunegilda, la valquiria toledana
La Walkyria Brunilda con su caballo


Reconozco que mis simpatías por el diario monárquico ABC, no son muy grandes, pero el hecho de que saque a la luz la historia de una mujer de nuestra tierra castellana, hace que por segunda vez, inserte aquí, en este blog castellanista y republicano, algo del ABC. Pido perdón por ello.

La valquiria Brunilda de Wagner está inspirada en la princesa visigoda Brunegilda de Toledo. La tomó para modelo de un personaje del cantar de gesta medieval «El cantar de los nibelungos»El mundo cultural celebra este año el bicentenario del nacimiento de Richard Wagner, y aunque la efeméride puede parecer lejana de nuestro ámbito geográfico, ocurre sin embargo queToledo guarda en su inmenso acervo a un personaje que, sorprendentemente, vincula a la Ciudad de las Tres Culturascon una de las protagonistas de «El anillo del nibelungo», la obra más ambiciosa del genio de Leipzig.
Nunca más oportuno, por tanto, que recordar que la valquiria Brunilda, hija de Odín y esposa de Sigfrido, está inspirada ni más ni menos que en la princesa visigoda Brunegilda de Toledo, ya que Wagner tomó para modelo de su valquiria Brunilda a un personaje del cantar de gesta medieval «El cantar de los nibelungos», que a su vez se inspiraba en nuestra Brunegilda toledana.
La vakquiria toledana
Brunegilda o Brunekhilda, a veces llamada Brunilda de Austrasia porque llegó a reinar en ese estado (que comprendía los actuales Países Bajos y el noroeste de Francia y de Alemania), nació en Toledo el año 543, y en esta ciudad recibió una educación aristocrática dentro de la fe arriana. Tenía once años de edad cuando su padre, Atanagildo, fue elegido rey de Hispania, y a este respecto cabe decir que una de las primeras medidas que adoptó el nuevo monarca fue convertir a Toledo en sede de la corte y, consecuentemente, capital del reino visigodo de Hispania.
Cuando Brunegilda contaba con 22 años de edad, se recibe en Toledo una embajada del reino de Austrasia al objeto de pedir la mano de la princesa para el rey Sigiberto I de aquel reino franco. Poco despuésBrunegilda deja Toledo para siempre y se casa con el rey merovingio en la ciudad de Metz, capital del reino, para lo cual la toledana hubo de abjurar de su fe arriana y adoptar el credo católico de su consorte.
Sobre la personalidad de Brunegilda escribió el obispo Gregorio de Tours (539-594): «Era una joven de modales elegantes, de hermosa figura, honesta y decente en sus costumbres, de buen consejo y agradable conversación». Según el obispo, el matrimonio de Chilperico con una princesa como Brunegilda, de estrictos principios y limpia moral, constituía un insulto para sus hermanos, casados con mujeres promiscuas y de bajo estrato social.
Pero en sentido contrario, otros cronistas, enemigos sin duda de Brunegilda, descargaron contra la princesa toledana las críticas más adversas, acusándola de intrigas y crímenes políticos.
Solo un año después de su matrimonio con el rey de Austrasia, la hermana mayor de Brunegilda, Galswinta, casó con el hermano de su marido, Chilperico I, rey de Neustria (aproximadamente la actual Normandía, con capital en París). De modo que a mediados del siglo VI, el corazón de Europa llegó a contar con dos reinas de origen toledano, una de ellas reinando desde París.
Pero a la toledana Galswinta, reinante en París, su corona no le duró mucho. Chilperico mantenía una vida disipada y especialmente una intensa relación con una amante de nombre Fredegunda, que introdujo la discordia en el matrimonio real hasta conseguir que el rey se deshiciera de su consorte estrangulándola en el propio lecho real. El asesinato de Galswinta fue el desencadenante del odio entre Brunegilda y Chilperico, que condujo a continuas guerras entre los reinos de Austrasia y Neustria, cuyo final fue contario a la suerte de Brunegilda..
La Brunilda toledana nunca se desentendió de los asuntos de Hispania, como demuestra el que casara a su hija Ingunda, de 13 años de edad, con el príncipe Hermenegildo, muertos ambos en el marco de las luchas entre católicos, arrianos y bizantinos. Su otra hija, Clodosvinta, contrajo matrimonio con el rey Recaredo, hermano de Hermenegildo.
Tres brunildas
Salvo la continua sucesión de hechos belicosos, crímenes e intrigas, poca semejanza existe entre la peripecia existencial de la Brunilda toledana y la del personaje del «Cantar de los nibelungos». Es éste, como se sabe, el equivalente nórdico al Cantar del Mío Cid español, que recoge las leyendas alemanas y escandinavas alrededor del héroe Sigfrido. En él se describe a Brunilda como una valquiria que posee la fuerza de doce hombres y que aspira a casarse solo con el pretendiente que sea capaz de vencerla en combate.
Wagner, por su parte, toma de «El cantar de los nibelungos» sus materiales literarios con la libertad que le dicta su capricho. Así, su valquiria, convertida en reina de Islandia, es descrita como una mujer aguerrida y salvaje, que no desea casarse y ha impuesto a los pretendientes la condición de enfrentarse a ella en tres pruebas de fuerza, y, caso de ser vencidos, ser decapitados. Wotan (Odín) la condena a permanecer dormida en la cima de una montaña, rodeada por un cerco de fuego que solo podrá atravesar el guerrero más valiente, que no será otro que el héroe Sigfrido.
El fin de la Brunilda wagneriana tiene lugar en «El ocaso de los dioses», la pieza final de la tetralogía, cuando, cabalgando sobre su caballo Grane, la valquiria se precipita dentro de la gran pira en la que era inmolado el cadáver de Sigfrido.
La muerte de la Brunilda toledana no fue menos truculenta. El hijo de Fredegunda, en venganza por la muerte de su madre, hizo torturar a nuestra Brunegilda, ya anciana, durante tres días, luego la expuso afrentosamente desnuda ante los ojos de los soldados y finalmente la mandó atar a la cola de un caballo que la arrastró hasta morir.
Con sus luces y sus sombras, no deja de constituir un inesperado timbre de gloria para la historiografía de Toledo el que la princesa toledana Brunegilda acabe convirtiéndose en la Brunilda del «Cantar de los nibelungos» y, por capricho de Richard Wagner, evolucione hasta convertirse en la valquiria Brunilda del «El anillo de los nibelungos», la más ambiciosa de sus obras.
Cierto es que las calles de Toledo no vieron nunca, como las de Venecia, el paso concentrado del genio, pero al menos los toledanos pueden alegar con admisible orgullo que, si bien Wagner no estuvo en Toledo, Toledo sí estuvo en Wagner por vía de nuestra Brunegilda, la flamante valquiria toledana.
Autor:
POR MARIANO CALVO
Fuente:  ABC

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