jueves, 28 de noviembre de 2013

Esperando la lluvia, soñando con la libertad


En estos lluviosos días de otoño recuerdo a mí padre, su alegría al ver que por fin llovía y su esfuerzo sería regado con el agua de la vida.  Le recuerdo todas las mañanas abriendo la puerta, incluso antes de echar los troncos de encina, cepa u oliva al fuego y prender la lumbre, abrir la puerta de la calle y mira esperanzado al cielo, buscando una nube que anunciase lluvia, sin encontrarla en la mayoría de los casos.
-          Malo, está raso. – Decía al comprobar que el negro cielo de antes del amanecer lucia su esplendoroso manto negro de estrellas.    
No es que mi padre no supiese apreciar la belleza de las estrellas en la noche, que disfrutaba con ellas, recuerdo señalarme y enseñarme las constelaciones:
-          Mira esa es el  "Aguador", esa otra  Aries, aquella creo le llaman  Pegaso o algo así…  
Yo al final siempre terminaba quedándome con aquellas que estaban todo el año, como la Osa mayor, la Osa menor y Escorpio y también con Venus, el Lucero del Alba, su prematura muerte provoco que ya nadie me hablase de las estrellas, aunque siempre al mirar el cielo buscase e intentase recordar aquellas que él me enseñase.  Si mi padre sabía admirar la belleza de los cielos estrellados de Pinarejo, de Castilla, pero mi padre sabía que si no llovía las semillas de trigo, cebada o centeno que había esparcido por la tierra seca de La Mancha no germinarían y eso nunca podía ser bueno. Los campesinos eran muy vulnerables a los caprichos del oraje. Los años malos, eran los que no llovía, pues sin lluvia no había cosecha y sin cosecha no había pan ni comida para los animales…
Después de este otoño seco, sin lluvias, esta mañana ha amanecido lloviendo y yo me     he    sentido como aquel chiquillo que escuchaba a su padre hablar de las estrellas y de la lluvia dadora de vida y esperanza y tras los cristales empañados de lluvia he disfrutado como disfrutaba mi padre cada mañana cuando al abrir la puerta en lugar de decir “está raso” cerraba la puerta y frotándose las manos con alegría comenzaba a echar la lumbre, soñando con otra lluvia que no llego a disfrutar y con la que soñó toda su vida, la lluvia de la libertad, libertad con la que todavía hoy estamos soñando, pues la libertad es para las personas como la lluvia para el campo, vida.

           
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