viernes, 17 de enero de 2014

CASTILLA LA NUEVA (RECUERDOS Y BELLEZAS DE ESPAÑA) en el año 1853





 
ARTIENDO de levante y norte las empinadas sierras, cuyo espinazo ó tronco traza el límite divisorio entre Aragón y Castilla, forman de la provincia de Cuenca Un estenso declive, que bajando hacía poniente y mediodía, viene á perderse en las rasas llanuras de la Mancha. De su vértice mas alto, acia las cumbres de Tragacete, descienden caudalosos y nombrados ríos: y mientras el Tajo siguiendo la vertiente opuesta lleva sus nacientes aguas al señorío de Molina, el Guadiela en dirección al oeste enfílalos angostos valles de Priego, y el Júcar y el Cabriel, casi paralelos en su curso, recorren de nortea sur la longitud de la provincia, torciendo en seguida al este para regar unidos el reino valenciano. Variada y á menudo risueña es la situación de los pequeños lugares plantados en la cúspide de las lomas ó en el fondo de las cañadas; pero la aspereza del territorio en gran parte yermo, escluyendo de su seno la abundancia, le hace también estéril en recuerdos ilustres y en grandiosos monumentos. La segur ha abierto brecha en sus bosques seculares de robles y encinas, como el soplo corruptor del siglo en las costumbres puras é inocentes de sus laboriosos habitantes; y sin embargo aun guardan allí cierta feliz analogía los hombres y la naturaleza: suaves aromas se exhalan aun de aquellas vírgenes espesuras, preciosos jaspes encubre la rudeza de aquellos peñascos.
Conociólos la antigüedad con el nombre de montes de Idúbeda, y abarcábalos la región meridional de la belicosa Celtiberia, donde á pesar del áspero suelo florecían bajo el dominio de los romanos tres ciudades distinguidas, y en la iglesia de la España goda tres nobles sillas episcopales. Ergávica y Segóbriga han apurado sin fruto el ingenio mas que el saber de los anticuarios para fijar su primitivo asiento, y sus memorias han ido vagando de ruina en ruina como en busca de domicilio (1): únicamente Valeria, trocando apenas de nombre pero sí de condición, subsiste á cinco leguas y al mediodía de Cuenca, confundidas en un mismo polvo las gentílicas turbas de sus patricios y la venerable cátedra de sus prelados (2). Sobre un cortado peñón ceñido de fosos naturales, al sur de la humilde villa, reconócense las calles del ilustre municipio; pero unos vestigios de termas ó baños públicos es cuanto resta en pié de sus construcciones. También á orillas del Guadiela, en el cérro de Peñaescrita junto á Priego, y seis leguas mas abajo en el despoblada de Santaver, aparecen indicios de población romana, sin que haya podido aun determinarse su correspondencia á una de tantas que todavía quedan por localizar (3).

Desde los primeros años de la dominación agarena vemos hundirse las celtiberas capitales, y levantarse en su lugar fuertes y pequeñas villas alrededor de un castillo; Conca, Alarcon, Uclis, Webde, Santiberia y Zorita. Ya en 784 dio Alarcon, que se interpreta atalaya, seguro é ignorado asilo á Muhamad el Fehri, hijo del postrer gobernador Yusuf, prófugo y derrotado por el gefe de la dinastía de los Omeyas, el grande Abderraman. Afines del siglo IX el rebelde Aben Hafsun estableció en aquellas breñas el baluarte de su usurpado imperio, de donde fué á gran costa desalojado. En la desmembración de reinos que siguió á la estincion de los califas cordobeses, el señorío de las sierras orientales pasó sucesivamente por alianzas ó por conquista al de Valencia, al de Toledo, al de Sevilla, quien lo cedió como dote de su hija Zaida á Alfonso VI, y lo recobró luego con el apoyo de los almorávides. Las portentosas hazañas del Cid campeador que al través de los montes se abrió camino hasta Valencia, las de Alvar Fañez, su digno sucesor, las veleidosas ligas de los ambiciosos jeques con los cristianos para combatir á los almorávides ó entre si propios, pusieron repelidas veces al estandarte de la cruz en posesión de aquellas enriscadas fortalezas; pero no se clavó definitivamente en sus murallas, sino después que hubo sucumbido Cuenca en 1177 ante los esfuerzos combinados de Castilla y Aragón. Rindióse Alarcon en 1184 tras de nueve meses de sitio, escalada por el arrojo de Fernán Martinete Ceballos, que hincando dos puñales en el muro, subió el primero hasta la torre del homenage, tomando desde entonces por apellida el nombre de la villa (4); cayó dos años después Iniesta, que nada tiene de común con la Eteslela carpetana; el fuerte castillo de Zafra y su señor así llamado dieron alta prez y gloria con su vencimiento á D. Pedro de Lara, segundo conde de Molina (5). Pobláronse de cristianos los lugares, lanzóse al enemigo de sus inaccesibles guaridas, trocáronse en anchos caminos los densos bosques y matorrales: Alarcon, hecha cabeza de la comarca, fué confiada á la custodia de los caballeros de Santiago recien establecidos en Uclés; y al volver en 1197 los victoriosos almohades de su asoladora incursión por Castilla, hallando ya defendidas las nuevas poblaciones, hubieron de contentarse con devastar los campos.

Arrollados los sarracenos del suelo meridional de la provincia allende los confines de Murcia, mantuviéronse todavía por algún tiempo al abrigo de las sierras de levante sobre la frontera valenciana. Moya, destruida por los azares de la guerra, fué repoblada en 1209 de orden del monarca por Pedro Fernandez, señor de Castril de Vela, y por el alcalde Pedro Vidas; la loma de Cañete su vecina debió ser contemporánea. En la fragosa estremidad del sudeste quedaba aun por someter Requena, cuyas cercanías en 11 de agosto de 1184 habían visto á Armengol, conde de Urgél, perecer en una emboscada con la flor de sus caballeros, y cuya fortaleza esquivó atacar Alfonso VIII, al llevar en 1211 por las riberas del Júcar hasta el mediterráneo sus armas victoriosas. Acometió la empresa ocho años mas tarde el insigne arzobispo D. Rodrigo, y levantando una cruzada de doscientos mil hombres, tomó tres castillos de la serranía y puso sitio á Requena: mas hubo de levantarlo al cabo ele mes y medio, dejando dos mil cadáveres al pié de los aportillados muros; y perseguida la desbandada hueste por el enemigo, abandonó en Cañavate los cautivos y la presa (6). Sin embargo no lardó pequeña en abatir su cerviz indomita , pues en 1223 los concejos de Cuenca, Alarcon y Moya invadieron ya los lindes del reino valenciano, del cual era llave aquel castillo, y Zeit Abu Zeit, su monarca, llegó hasta Moya en 1225 para besar la mano de Fernando III y constituirse su vasallo (7). Cuéntase que el santo rey dio mas adelante al convertido valí la torre de Zafra, encomienda de la orden de Santiago, antes que el de Aragón le otorgara ricos heredamientos en sus dominios como indemnización de la perdida corona.

Daba la ley en aquel pais la poderosa familia de los Latas, cuya pujanza coincidió con la época de su sometimiento, y cuya rama primogénita obtenía el cercano señorío de Molina. Dueño de las fortalezas de Alarcon y Cañete, el conde Alvaro imponía sujeción á los pueblos y temor á sus contrarios, reinando á nombre del joven Enrique I; pero hubo de restituirlas á la corona luego que entró á reinar S. Fernando, á trueque de conseguir su libertad. Rescatóla igualmente su deudo Gonzalo Pérez, señor de Molina, sitiado por el mismo rey en el castillo de Zafra con la renuncia de sus estados v esclusion de sus hijos varones; y el poder real se afirmó sin competencia en toda la serranía. Alfonso el sabio hizo ostensivo á Alarcon y Moya el libre fuero de Cuenca y proponíase en 1273 concertar una espedicion contra los moros con su anciano suegro Jaime el conquistador, cuando una grave enfermedad disipó en Requena sus belicosos proyectos. La vecindad empero de Aragón fué muy pronto funesta al sosiego de la comarca durante los apuros de Sancho el bravo, quien prometió al aragonés la cesión de Requena en 1281 con tal de apartarle de la causa de los infantes de la Cerda. Emigrado á aquel reino D. Juan Nuñez de Lara, renovando las pretensiones de sus abuelos, invadió repelidas veces con estrago las tierras de Castilla, desbarató las tropas reales tomándoles los pendones, apoderóse de Cañete y Moya; mas todo se lo quitó una paz insegura y llena de asechanzas. A su hijo fué devuelta Moya por Fernando IV, que arrepentido luego vinculó la posesión de ella á la real primogenitura; Alarcon fué dada por el mismo tiempo al infante D. Juan Manuel, é incorporada en el marquesado de Villena; de Cuenca hizo donación el rey D. Pedro á su tia Dª Leonor, que residiendo en la frontera, no apartaba los ojos de Aragón, donde habia sido reina y donde sus hijos la vengaban de su entenado. La donación no tuvo efecto por entonces; pero fallecido D. Pedro, Requeña y Cañete se entregaron al rey de Aragón por traición de sus alcaides, y costó una guerra á Enrique II su recobro.

A pesar de la importancia fronteriza del pais, que reservaba naturalmente su posesión esclusiva á la corona, formáronse en su término vastos y poderosos señoríos. Acia el norte y rayana de la Alcarria se estiende un territorio poblado de cuantiosas villas, que dado por S. Fernando á su hijo D. Manuel, empezó á llamarse del Infantado; y trasmitido sucesivamente á Dª Mayor Guillen, dama de Alfonso X, á Dª Beatriz, reina de Portugal su hija, y á su nieta Dª Blanca, abadesa de las Huelgas, volvió otra vez por compra á D. Juan Manuel, hijo del primer poseedor. Por casamiento de Dª Constanza, biznieta de este, pasó el señorío á la familia de Albornoz, cuya última heredera Dª María lo llevó en dote al famoso D. Enrique de Villena, que divorciado luego de su esposa por ambición del maestrazgo de Calatrava, lo perdió todo á la vez cogido en sus propias redes. Entretenido por el monarca con la esperanza de recobrar el marquesado de Villena, é incapaz de dominar la viva resistencia de Alarcon y demás pueblos á reconocerle por señor, hubo de reducirse el sabio nigromante á la villa de Iniesta, oscuro teatro de sus doctas tareas y misteriosas vigilias, perdidas también para su gloria. De los Albornoces heredaron el Infantado los Lunas, y de estos los Pachecos por enlace con la nieta de D. Alvaro; pero Enrique IV hizo gracia de él en 1470 á Diego Hurtado de Mendoza en premio de los servicios prestados á su muger y á su hija, fiando á Pacheco en compensación la villa de Requena con los derechos de su frontera. De la misma noble estirpe de Mendoza y de igual nombre y apellido fueron los fundadores de otros dos vecinos estados; el uno á quien concedió el propio monarca en 1465 la contigua villa de Priego con titulo de condado, el otro que en 1440 compró por doce mil florines de oro el señorío de Cañete á D. Juan Martínez de Luna, á cuya familia lo otorgara Enrique III. También Moya en 1475 fué por los Reyes Católicos erigida en marquesado á favor de Andrés de Cabrera, á quien sobraran, á falta de méritos propios, los de su insigne esposa Beatriz de Bobadilla para obtener el primer lugar en la gratitud de sus soberanos. Alarcon y las otras villas meridionales quedaron por D. Diego Pacheco, marques de Villena, sosegada la proterva lucha queden su término sostuvo con los capitanes reales D. Pedro Ruiz y D. Jorge Manrique, entre cuyos estériles horrores solo descuella la generosa porfía de dos hermanos y el sublime sacrificio de una vida ofrecida y aceptada por la otra. (8)

Sobre las villas del Infantado no descuella ningún castillo suntuoso que recuerde su feudal historia. Apenas hay vestigios del de Alcocer ganado por el Cid con una falsa huida en 1074 tras de largo sitio, y defendido en el seno de la morisma como punto avanzado para la conquista de Valencia, desde el cual envió al monarca en prenda de su lealtad cincuenta caballos con ricos jaeces y otros tantos alfanges tomados á los sarracenos. Igual suerte ha cabido al de Salmerón, origen de la discordia suscitada en 1432 entre el señor de Cañete y D. Alvaro de Luna, que obligó al primero á renunciar la parle que del castillo y pueblo le pertenecía. Escamilla no ofrece sino un torreón cuadrado y un viejo edificio, de mezquina apariencia para mansión señorial; en cambio ostenta sobre su parroquia de góticos resabios una pretenciosa torre, pesada mole de piedra construida á principios del último siglo y decorada con el nombre de Giralda por el templete y estatua en que termina Alcocer conservad real, convento de fran-ciscas fundado en vida de Sta. Clara por Alfonso el sabio; Valdeolivas su parroquia bizantina desfigurada por los reparos, y en su cuadrada torre cuatro órdenes de ventanas semicirculares. (9) La naturaleza del territorio corresponde al tipo de la limítrofe Alcarria, quebrada, barrancosa, cubiertos sus montes de jaras y carrascales, amenos y fértiles sus valles regados por el profundo Guadiela.

Costeando las márgenes del rio y dejando á la mitad del camino los restos de una pequeña iglesia bizantiza con tres ábsides en cruz, parroquia según dicen de un pueblo arruinado, se da vista á Priego, cabeza del norte de la serranía, pintorescamente situada sobre una plataforma, que ciñen con hondo cauce por un lado el Guadiela, por otro el Escabas su tributario. Domina al caserío la cuadrada torre de la parroquia, que elegante y de aspecto monumental desde lejos, de cerca se descubre almohadillada y no anterior al siglo XVI, igualmente que la iglesia.(10) Entre sus casas ni antiguas ni regulares, distinguese una cuya galería superior sostienen en vez de columnas figuras al parecer de alguaciles escepto una de muger, mansión que acaso debió pertenecer á los ilustres condes. Contiguo á la villa hay un convento de religiosas, á media legua otro moderno y suntuoso de franciscanos en amena posición. De Priego á Villaconejos ándase una legua de escabroso monte, y otra á orillas del Trabaque por un canal prolongado hasta Albalale de las Nogueras, lugar plantado sobre un cerro entre los frondosos árboles cuyo nombre loma. Desde allí parten en dirección á Cuenca dos caminos: el uno mas llano y apacible, que enfila de paso á Torralva y otras villas; el otro es un atajo que atravesando el corazón de la sierra y los lugarejos de Collados, Sotos y Mariana, desemboca en la magnífica y sorprendente hoz del Júcar, antes de introducir á la capital.

Cañete y Moya, centro y título de dos marquesados acia la frontera oriental, conservan las antiguas murallas que robustecen su natural fortaleza y que alternativamente conmovieron y repararon las últimas guerras civiles con no poca ruina de los pueblos. A dos quedan reducidas las seis parroquias que tuvo Moya, sin que sea por otro lado notable su decadencia: fundación de su primer marqués es el fuerte castillo de Cardenete á orillas del Gabriel. Floreciente y populosa sobre la frontera misma mantiénese Requena, cercada de caseríos en ancha y fértil vega que sonríe como un oasis en medio de los pinares y malezas de la serranía. Aun se distingue cercado de muros y torreones, con su castillo en lo mas alto de la muela, el primer recinto de la villa, en frente del cual acia el norte formóse mas adelante en otra colina el barrio de las Peñas, que la población creciente ha unido con aquel, tendiéndose un cuarto de legua de cabo á cabo. De sus tres parroquias fundadas á fines del siglo XIII ó en el XIV, S. Salvador y Sta. María ostentan fachadas góticas de muchas pero no muy diligentes labores; S. Nicolás se ha renovado por completo. Utiel, lugar vecino é inseparable de Requena en sus vicisitudes, apenas le reconoce ventaja en el número de habitantes y en la amenidad de su llanura plantada de viñedos, sin faltarle tampoco su gótica iglesia. A la Minglanilla dan renombre en la comarca sus minas de sal inagotables y las profundas cuevas escavadas en la roca , que las luces convierten en palacios de cristal.

Las famosas villas meridionales, situadas entre el Júcar y el Gabriel acia los confines de Murcian han declinado sensiblemente de su pujanza, erigiéndose en cabeza de su distrito Motilla del Palancar, lugar oscuro y recien crecido. Las viejas casas de la antigua Iniesta tendidas de norte á sur en el declive de una loma entre viñas y olivares, contrastan con la regularidad y buena planta de Villanueva de la Jara su vecina, aldea de Alarcon en otro tiempo, que encierra cuatro conventos y restos de almenas arábigas á espaldas de su magnífica parroquia. En las ruinas de su castillo y en los solares obstruidos de escombros muestra su lastimosa despoblación el Cañavate, lugar para los cristianos ominoso por las derrotas que allí sufrieron en agosto de 1442 y al volver del sitio de Requena en 1219. Hasta S. Clemente, cuya torre no concluida domina á larga distancia el llano horizonte manchego, acrecentada rápidamente en el siglo XV bajo el g|  señorío de los marqueses de Villena, á quienes debe parte de la fábrica de su parroquia y el retablo mayor de Santiago, no se ha repuesto de los estragos de la epidemia y de la guerra que la afligieron á principios de este siglo. Pero ninguna iguala el abatimiento de Alarcon, como ninguna igualó su nombradla: la rival de Cuenca, la que defendía sus anchurosos términos á filo de espada,(11) hoy cuenta menos de novecientos habitantes atojados en pobres casuchos. Por fortuna permanecen en pié sus cinco parroquias, atestiguando la grandeza de la villa en tiempos no muy lejanos: las fachadas de la Trinidad y de Santiago datan de la decadencia gótica contemporánea de los Reyes Católicos; la de Sta. María despliega bajo un arco artesonado en sus columnas corintias, nichos y labores, toda la elegancia del renacimiento en el reinado de Carlos V, á cuya época también pertenecen su retablo mayor y el de Sto. Domingo de Silos divididos en multitud de compartimientos; la portada de S. Juan guarda rigurosamente el orden dórico y su templo encierra una admirable custodia labrada por Cristóbal de Becerril en 1575. Sirve el Júcar á Alarcon de profundo foso deslizándose por bajo de dos hermosos puentes y rodeándola en forma de herradura; y al verla tan bien defendida por su ya ruinoso alcázar y por las torres de sus tres puertas, fortificadas con puentes levadizos por el único lado accesible acia oriente, no puede menos de recordarse que el enemigo mas irresistible, que á unas poblaciones ensalza y á otras humilla es la mudanza de los tiempos y el capricho de la fortuna.

NOTAS
(1)Las indicaciones históricas y geográficas que de Ergávica y Segóbriga se hallan en Tito Livio, Plinio y Tolomeo, á pesar de inauditos esfuerzos, no han podido ser todavía satisfactoriamente conciliadas. La reducción de Segóbriga,cabeza ó principio de la Celtiberia, a la moderna Segorbe situada en la Edetania, fué impugnada vigorosamente por Morales y Zurita, á pesar de la semejanza del nombre y de los monumentos romanos que allí abundan; Florez, Masdeu y otros autores modernos insisten no obstante en sostenerla. Mayor oscuridad todavia existe con respecto á la situación de Ergávica, ciudad noble y poderosa según Livio, que Morales coloca en Santaver ó en el cerro de Pena-escrita sobre la línea del Guadiela, conformándose á uno ú otro parecer la mayor parte de escritores. Sin embargo al mediodía de Uclés en el despoblado de Cabeza de Griego aparecen vestigios de una grandiosa ciudad romana, y el hallazgo de dos sepulcros de obispos no permite dudar que fuese cabeza de diócesis, en cuyo caso no puede ser otra que Segóbriga ó Ergávica: una vez admitida la opinión que reduce á Segorbe la primera, aquellas ruinas no pueden menos de pertenecer á la segunda.
(2) Entre los obispos Valerienses no son conocidos sino los que asistieron á los concilios de Toledo, á saber: Juan en 589, Maguencio en 610, Eusebio de 633 á 637, Tagoncío de 638 á 654, Estevan en 655, Gaudencio de 675 á 693. El P. Florez publica hasta veinte y cinco inscripciones sepulcrales copiadas diligentemente por el P. Burriel, y en una de ellas se menciona la república Valeriense: el nombre de la ciudad indica que debió su fundación ó su ensanche á los romanos después de sometida la Península. De sus ruinas han nacido dos poblaciones con el nombre de Valera, la de arriba al norte inmediata á la antigua, la otra una legua mas abajo, ambas pertenecientes al señorío de los Alarcones.
(3) Las reducciones de Caisada á Hita, de Mediolum á Molina ó Moya, deIstonium á Caña-vate, de Libana a Villar del Maestre, de Urcesa á Requena ó Utiel, de Centóbriga á Brihuega, son muy dudosas y fundadas en débiles conjeturas; y aun estas faltan con respecto á Bursada, Laxta y Alaba que según la graduación de Tolomeo pertenecían á la misma región. En las historias árabes figura la fortaleza de Santiberia correspondiente á Santaver, nombre de origen evidentemente cristiano y anterior á la invasión sarracena.
(4) La importancia de esta toma de Alarcon por Alfonso VIII la encarece en estos términos el arzobispo D. Rodrigo: Coepit Alarconem in rupibus sempiternis, et firmavit seras defensio-nis; aldeis muUis dotavit illud, ut abundaret in eo Íncola fidei; constituit fortes in munimine, ut esset Arabibus via necis; deserta apte replevit gentibus, et in via tutatus est habitatores; alcarías rupium domuit populis, et duritiam silicis convertit in vias. (Lib. VII, c. 21.)
(5) La tradición realzó con fabulosos prodigios esta hasaña, como el de ver en el epitafio quede dicho caballero se leía en el famoso monasterio de Huerta, y que copiamos entero por sus curiosas indicaciones: «Aquí yace el conde D. Pedro Manrique, que nos dio la torre de Zafra que es en término de Alarcon, y nos dio la presa y molinos y batan y la casa con la heredad y con su capilla de Santiago, que está ribera de Júcar cerca de Albadalejo del Cuende que es cerca de Cuenca; y este valeroso conde mató al moro Zafra, que era un moro muy descomunal que tenia de ojo á ojo un palmo y otras figuras muy fuertes, que no habia home que con él pelease que no le matase ; y el dicho señor conde encomendóse á la Virgen Sta. María de Huerta, y ofreció el su cuerpo, y prometió la dicha torre si él matase á Zafra, y dicha capilla de Santiago con toda su heredad y término; y ayudándole Dios nuestro señor y la Virgen María, el buen conde mató á Zafra y dio la torre á este monesterio, la cual dicen hoy la Torre del Monge, que es término de Alarcon cerca de Villar del Sauce, y la presa con los molinos y la casa con su término y con su capilla de Santiago: pasó desta vida el año de 1223.» La fecha está equivocada, ó bien se confunde á este con otro personage, pues D. Pedro el segundo conde de Molina murió en 1202, Zafra es corrupción de la voz árabe Saphar.
(6) Esta espedicion de poco grato recuerdo para su caudillo, pues ni siquiera la apunta en su historia, refieren la del siguiente modo los Anales Toledanos primeros: «E1 arzobispo D. Rodrigo de Toledo fizo cruzada e ayuntó entre peones e caballeros mas de ducentas veces mil, e entró á tierra de moros de part de Aragón dia de Sant Matheus evangelista, e prisó tres castiellos, Sierra e Serresuela e Mira; después cercó á Requena dia de Sant Miguel, e lidiáronla con almajaneques e con algarradas e con de libra, e derrivarón torres e azitaras, e non la pudieron prender, e murieron mas de dos mil cristianos, e tornáronse el dia de Sant Martin , era MCCLVII (1219 de C.).» En las historias árabes se lee que entrando cargados de despojos los cristianos en tierra de Valencia, después de haber talado los campos de Almanza y Rekina, salieron contra ellos los fronteros y les dieron batalla en Cañabat, y los rompieron y destrozaron quitándoles toda la presa y cautivos y haciendo en ellos cruel matanza.»
(7) Aunque varios historiadores afirman que Abuzeit prestó en Cuenca su homenaje á S. Fernando, parece que no pasó de Moya según la cláusula de una escritura del mismo rey que se halla en el bulario de la orden de Santiago:eo videlicet anno (1225) quo Zeil Abuzeit rex Valentice, accedáis ad me apud  Moyam devenit vasallus meus, et osculalus est manus meas. Sobre los milagros de la famosa cruz de Caravaca que prepararon la conversión del valí destronado, y sobre su bautismo en Cuenca por el arcipreste Ginés Pérez Chirino, pueden ver singulares cosas en la historia de aquella ciudad por Mártir Rizo los que no se contenten con las relaciones mas fidedignas de Zurita y Mariana. Según Rizo, murió Abuzeit en 1270 en Zafra, dejando su nombre á una torre llamada por corrupción del aceite, y fue sepultado en Santiago de Uclés.
(8) Entre los prisioneros cogidos por Juan Berrio, capitán del Marques, hallábanse dos hermanos naturales de Villanueva de la Jara, llamados Martin y Juan Sainz de Talaya; y como al primero, que era casado, le hubiese tocado la suerte de ser degollado con otros cinco por represalias, ofrecióse su hermano soltero á sufrir por él la muerte, pues no dejaba en pos de si esposa é hijos. Hubo tiernas reconvenciones entre los dos y porfías generosas; mas triunfó por fin el mancebo, y aceptó el capitán el cruel sacrificio. Sucedió este hecho lastimoso, que largamente refiere Hernando del Pulgar, en 1479 y en el castillo de Garci Muñoz, término de S. Clemente.
(9) En la sacristía de esta parroquia vimos el retrato de un buen prelado natural del mismo pueblo, cuyo recuerdo va gratamente unido al de nuestra edad primera, D. Antonio Pérez de Hirias, obispo que fué de Mallorca de 1826 a 1842.
(10) Leense en el primer cuerpo de la torre los nombres de Gaspar Muñoz, familiar del santo oficio, y de Miguel López, la fecha de 1562. Hasta 1811 se conservó en la iglesia la bandera otomana traida de Lepanto por el sexto conde de Priego D. Fernando Carrillo de Mendoza, primer mensajero de aquella insigne victoria. Poseía á Priego desde el reinado de Alfonso X una rama de los Carrillos, que se unió en el siglo XV á otra de los Mendozas por casamiento de Dª Teresa con Diego Hurtado, primer conde de aquel título.
(11) En el archivo municipal de Cuenca consta la avenencia estipulada en 1351 por esta ciudad con la villa de Alarcon sobre los términos de Campillo de Altobuey, que habían dado motivo entre ambas á «querellas, robos, fuerzas, feridas y quebrantamientos de lugares.» En 1398 se hizo nueva division de términos con dicha villa y la de Moya.


Escrita y documentada por J. M. Quadrado
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