martes, 14 de enero de 2014

Días de invierno en Pinarejo - Poesía



Los días de invierno en Pinarejo tenían algo especial, era difícil pasear por sus calles a oscuras, cuatro bombillas mal contadas alumbraban sus calles y en las casas muchas noches las únicas luces que alumbraban eran las de la lumbre y los candiles o velas. Se dormía en colchones de lana con frías sabanas de algodón. Sin embargo pronto notabas el calor, porque antes tu madre había calentado unas bolsas de agua caliente para que no notases  la frialdad de las sabanas. 



A pesar de todo, los inviernos resultaban más entrañables, todos buscábamos el calor humano, siempre había más motivos para juntarse la familia o los amigos, aunque fuese en torno a una sartén de gachas o a unas patatas con liebre.


Chimeneas de blancos humos
llenan el horizonte de mis recuerdos.
Silencio roto por las campanadas del reloj
en la noche callada,
y  los gallos de madrugada.
Los campesinos
como leones de azabache, poseídos
por el ansia de la vida
no esperan que el sol les pille en la cama.

Los chiquillos miran por la ventana,
Entre la nieve inmaculada
los padres hacen senda al alba.
No te olvides el tronco para el maestro,
que no entras a la escuela.
Y tienes que volver  entre la nieve helada.
Bueno,  pierdo escuela y juego…
Capón, tronco y  “pa” la escuela cabezón.

Alrededor de la sartén: gachas.
Se sientan chiquillos y mayores,
un poco de pimiento en vinagre,
si pica mejor, que quita el frío. 
Veloz con la mano, rápido con la boca,
¡me quemo la lengua!
Bebe vino y calla,
ríen todos menos yo.


Poema incluido en el libro :

Las abarcas del campesino analfabeto que soñó ser poeta


                                  

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