sábado, 1 de febrero de 2014

Santa Agueda, el lupanar de rica miel, la sirena y los manantiales de leche. (Relato)



Esta mañana me he pasado  por la Ciudad Fallera y  he aprovechado para saludar a a mi paisano Luis Culebras.  Lo cual da pie, siendo las fechas que son para al regresar  a mi casa remeorar aquel año, hace mucho, mucho tiempo, que  Luis, mi hermano Julián y yo, el 4 de febrero, después de hartos de trabajar,  cogimos el coche y nos presentamos en Pinarejo a tiempo de prender la iluminaria de la víspera.





Tras pasar unas horas de fiesta,  a las cuatro de la mañana, sin dormir y con algún cubalibre más de la cuenta,  regresamos por aquella interminable Nacional III en dirección a Valencia, para comenzar la jornada laboral. Era fiesta en Pinarejo, pero solo en Pinarejo y había que trabajar, lo bien que lo pasamos por la noche, la mala jornada que pasamos al día siguiente, cuando al agacharnos para coger los ladrillos, hablo por mí, notaba en mi garganta, en mi estomago y sobre todo en mi cabeza, los cubatas de la noche anterior.

Pensando en eso me acosté, pensando en Santa Águeda - yo que tan poco tengo de religioso - en Pinarejo en las fiestas, en aquella tierra manchega que tanto echo de menos, pensando, pensando me dormí…

 1ª Parte del sueño - Padre pinchas


Veo a mi padre que se levanta, casi corriendo marcha en dirección al corral,  al regresar trae unpar de ceporros de oliva y de nuevo pasa al cuarto vistiéndose a oscuras.  Prende un fósforo,  enciende el candil, para acto seguido liar un cigarro y con el candil prenderle.  Puedo ver su alargada sombra recortarse, cual sombra chinesca en la pared.   Se acerca a  la chimenea.  Le escucho trajinar con el fuego, soplando y colocando la leña,  hasta que de pronto veo iluminado el comedor con la luz rojiza de la lumbre.  Escucho como se frota las manos y suspira con fuerza.
se dirige a la puerta de calle asomándose:

-  Está raso, no llueve ni pa´Dios.

cierra la puerta intentando no hacer ruido,  veo como se lia otro cigarro y prende con el primero el segundo, adivino el resplandor del cigarrillo al prenderse , a continuación desaparece en direccióna la cuadra, escucho el relinchar de las mulas, el cacareo nervioso de las gallinas, escucho un portazo y a mi padre decir:

 - Vaya aires.

Escucho de nuevo sus pasos, está en la chimenea, coloca  chaparro y cepas secas, el fuego crece en dimensiones, el crepitar de la lumbre  se hace más intenso.  Sale del comedor y sube las escaleras que van a la cámara, donde se encuentra el pajar, en unos minutos vuelve a entrar con el cigarrillo atrapado entre los labios y una espuerta llena de paja.   Salto de la cama y me acerco a darle un beso, me pincho con su barba.


-   Padre, pincha usted



 Me devuelve el beso, me coge en brazos y me devuelve a la cama.



-  Anda quédate acostao, que no son ni las seis y hoy es fiesta, Santa Águeda.



- ¿Padre que lleva santa Águeda en el plato?


A mi espalda escucho la risa de mi madre, mi padre ríe también,


_ Melocotones.  - Dice mi madre, por si acaso mi padre dice la palabra prohibida, mi padre ríe con el cigarrillo entre los labios, se lo retira, lo apaga, y se mete la colilla en la petaca.



- Melocotones, pero muy  sabrosos.



-  ¿padre por qué muy sabrosos?  -  Pregunto inocente yo.


-Tontunas de padre-  Salta mi madre.

 - Porque dan leche” suelta mi padre.

¿Cómo las vacas y las ovejas? -


 -  Si, como las vacas y las ovejas” contesta mi padre, tapándome con las sábanas casi hasta la frente.


Me quedo en la cama mientras contemplo como mi padre echa un puchero de agua caliente en la palangana, se queda con el torso desnudo y  tras pasar la brocha por el jabón de afeitar comienza a extender la espuma por su cara, coge la navaja y tengo la sensación de que en cualquier momento va a salir sangre de su cuello.  Termina de afeitarse  y mira para la cama, me ve con los ojos abiertos y se acerca sonriente y me da un beso.

- Ya no pincho.  Voy a echarles de comer a la Cordobesa y a Sacristán que aunque hoy no trabajen tienen que comer también. 


2ª Parte del sueño -Yo quiero ir a un lupanar a comer picatostes con miel

Don Gregorio,  el cura de Pinarejo está celebrando la misa en honor a Santa Águeda, los chiquillos estamos en la parte de atrás, debajo del coro, detrás  de los hombres, estamos vestidos de fiesta, todos en silencio, mirando muy atentamente al cura, medio bailando para intentan que los pies no se nos quedasen helados, pero intentando ocultar nuestra presencia, no fuese a ser que recibiésemos algún capón de propina por habernos portado mal en la misa.

- El Senador Quintianus intentó conseguir los placeres de la joven Águeda, nuestra patrona, rechazándolo con la fuerza que da Cristo, el senador que era pagano y no pudo conseguir sus enfermizos propósitos,  en venganza la envía a un lupanar, donde milagrosamente conserva su virginidad… - Narraba el cura la vida de la patrona de Pinarejo.


En mi mente infantil surgen de improviso muchas preguntas, si se supone que el Quintianus ese era un malvado, ¿por que quiere conseguir los placeres para la joven  Águeda?  ¿qué quería decir pagano, que pagaba? Entonces era bueno, los malos según mi padre eran los malos pagadores, lo de conserva milagrosamente la virginidad como que no lo comprendía, pero no me llamaba la atención, pero lo de lupanar...

-         -  ¿Qué es un lupanar? Le pregunto al mi amigo  que está a mi lado.

-        -   Como un panal de miel, donde van a comer picatostes con vino y miel los hombres por la noche, me lo ha dicho mi abuelo, un lupanar de rica miel fueron los hombres a ...- Me contesta convencido mi amigo.

-    -      ¿Picatostes con vino y miel? Pues yo quiero ir a un lupanar. -  Dijo de manera inocente.

- -    Solo pueden ir los hombres, los chiquillos no.- Me dice mi amigo.

-  -  No hay derecho, yo quiero ir a lupanar a comer picatostes con miel...- Replicó alzando la voz.

Noto un capón sobre mi cabeza, es la catequista, que se había copiado de don Gregorio y también repartía capones.

- en misa no se habla. 




 3ª Parte del sueño - La sirena del rubí en la frente



Despierto, sonrió pensando en el extraño sueño, o mejor dicho recuerdo infantil.   Me dirijo a cambiar el agua al canario y apago el molesto "stand-by" del televisor, que además dicen que supones un 12% del consumo eléctrico en los hogares.  Regreso a la cama pensando en aquellos recuerdos soñados, me imagino la crueldad de cortar los senos a una mujer joven, pienso en la violencia de genero, en las violaciones en grupo de la India , la violencia en si me repugna, nunca he llegado a comprendedla. tal vez porque nunca fui de los que ganaban en las peleas.



 Como me ocurre en muchas ocasiones en los sueños, me veo andando por una playa de Ibiza,  estoy en  la playa de Cala d`Hort,   en la orilla.  La playa está desierta, a lo lejos creo ver una sirena tumbada sobre el agua, no puedo evitar mirarla, la miro, comenzando a caminar hacía el interior del agua, ya el agua está por encima de mi cintura y las olas provocan que saboree el agua salada.      De pronto noto que alguien me mira a mi, me llama, estoy con alguien, estira de mí con fuerza, no puedo verle, pero continua estirando de mí en dirección a la orilla.


- No sabes nadar bien, quiere ahogarte.



- Sí se nadar. 

   
vuelvo a mirar, tras el islote de Es Vedra veo una inmensa cola de pescado que desaparece para volver a salir, es una gran sirena con un  rubí en la frente, me llama, yo quiero ir pero esa persona que está junto a mí es más fuerte y me lo impide.


- Te ahogara, no vayas.



Me desprendo de esa persona y nado con decisión hacía la sirena,  me recibe con los brazos abiertos, nos besamos apasionadamente, nos acariciamos...Noto que me estoy ahogando quiero salir, tengo frío, pero a pesar de ello algo me impide nadar hacía la orilla, es su voz, sus caricias...





4ª Parte del sueño - Los manantiales de leche




Tengo frío,   miró  a Pinarejo  desde El Pulido, estoy subido en una oliva con el cestillo en la cintura y pienso que acertada la elección de Santa Águeda como patrona de Pinarejo.  Desde el Pulido Pinarejo tiene la silueta de dos pechos de mujer, con los pezones bien empinados, uno es la torre de la iglesia y el otro el molino de viento…, no se porque me parece ver los bellos ojos de una muchacha tras el pueblo, siempre veo ojos bellos, no lo puedo evitar, siempre miro a los ojos antes que a los pechos, pienso porque fue tan grande mi timidez en mi lejana adolescencia que necesito a modo de reafirmación mirar a la gente a los ojos y a las mujeres más. No soporto hablar con nadie que tenga gafas de sol puestas...Manías.


Veo la silueta de  don Quijote, va solo sin Sancho, se dirige al molino de viento, pero en la era de Don Pepe tropieza con una muchacha tendida a la luz de la luna, una muchacha del tamaño de los gigantes que imaginase el caballero de la triste figura, descabalga, se acerca con miedo.   Puede distinguir la bella figura ocupando toda la era, está dormida, boca arriba y desnuda, es noche cerrada y piensa que está soñando, o que un malvado hechicero le hace ver lo que está viendo, la más bella de las criaturas, con unos bellos senos, que cual manantial de vida, derraman leche a borbotones,  Rocinante corre presuroso y sediento a beber el lácteo elemento, él también bebe, si es un sueño, que gran sueño y no solo por el tamaño… Yo me quiero acercar también, ya no estoy encima de la oliva, me acerco a beber de tan hermosos y sabrosos pechos, veo a Rocinante y Quijote saciando su sed, me acerco yo para saborear tan exquisito manjar, cuando tras la silueta de Pinarejo veo los inmensos y bellos ojos de una mujer que está contemplando todo y que me invita al festín…pero cuando comienzo a escalar la cumbre, noto la aspereza de la piel del melocotón, los pechos se han convertido en dos inmensos melocotones, busco los bellos ojos de la muchacha pero no hay nadie solo dos grandes  y ásperos melocotones. Don Quijote se ríe de mi a carcajadas.



Recuerdo entre sueños las palabras de mi padre: 

 -  Melocotones, pero muy  sabrosos, porque dan leche.

6ª Parte.   El despertar a la realidad

Continuo durmiendo, maldiciendo mi suerte, como pensando en lo absurdo de mis sueños.  Pensando en esos melocotones sabrosos que dan leche, veo Pinarejo, Son las cinco de la mañana y suena el despertador, creo escuchar a mi padre: 

 - Anda quédate acostao, que no son ni las seis y hoy es fiesta, Santa Águeda.

Me doy media vuelta y recuerdo aquel viaje  a Pinarejo, era fiesta en Pinarejo, pero era  solo fiesta  en Pinarejo y en Valencia  había que trabajar, era lunes y llegué tarde al trabajo.

Y es que en los sueños todo es posible.
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