domingo, 4 de mayo de 2014

Carta a mi madre.


Carta a mi madre
Querida madre, sabes que no soy de muchas palabras, que me cuesta mucho decir te quiero, aunque entre tú y yo siempre sobraron las palabras, con mirarnos era suficiente para saber y sentir el amor que sentíamos el uno por el otro, siendo capaces de tener el mismo sueño, la misma esperanza de libertad, como si pudiésemos viajar surcando los cielos, atravesando las nubes más allá del horizonte.
Te fuiste y me dejaste con el rompecabezas sin resolver, perdido entre las luces de una ciudad desconocida y amenazante, sin un punto de apoyo ni referencia.  Sabiendo únicamente que mi sueño había sido antes el tuyo y el de padre, desde antes, mucho antes  de que yo naciese.  Cuando juntos luchasteis por unos ideales de libertad y justicia.  Lucha triste, como la noche de nuestra España, la verdad fue vencida, la justicia violada y la libertad presa.

Tú me enseñaste, que puedes ser derrotado, pero que nunca puedes darte por vencido, ni perder la esperanza, porque si pierdes la esperanza, pierdes la libertad del pensamiento,  pierdes la vida, los sueños. Porque al fin y al cabo la vida para que valga la pena, en el trabajo, en la calle, en el campo en la ciudad, manos obreras o campesinas deben  buscar con ansia  y abrazar un sueño de libertad y justicia y no parar hasta conseguirlo.

No te llevo flores al cementerio, porque te tengo más cerca que todo eso, te tengo dentro de mí.  No codo con codo, sino abarcando toda mi epidermis, mis entrañas, mi mente y si existe el alma, también en ella, en una perfecta simbiosis que me hace sentirte como parte de mí, del mismo modo que un día yo forme parte de mí.  Tal vez nunca te dije te quiero y dicen que se debe decir, pero sabes que ni entonces ni ahora he dejado de quererte ni un solo instante de mi vida.

Cierro los ojos y puedo verte a mi lado, caminando juntos, del bracete, escuchándote emocionada decir: “Aquí no debería faltar nadie” o “que la gente esté tan ciega para no ser capaz de darse cuenta que la mayor ruina de un país es un rey”.  Luego, aunque estabas coja, mirabas a nuestra bandera, la que tú me enseñaste a amar, la bandera de la libertad mirando al frente caminando con decisión gritabas con todas tus fuerzas:

¡España mañana será republicana!
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