domingo, 31 de mayo de 2015

Los manuscritos de Teresa Panza esperan veredicto del lector


Fotos presentación de la novela: Los manuscritos de Teresa Panza
(Julián López Brox)
 La sala se llenó, las 90 sillas no fueron suficientes para poder sentar a todos los asistentes. Los libros vendidos en la presentación no fueron los primeros, la Librería Eltintero de San Clemente los puso a la venta un par de días antes...

Ahora Los manuscritos de Teresa Panza esperan veredicto
Los primeros ejemplares ya están en manos de algunas personas.  Quiero darles las gracias por su confianza, ahora es el momento de la verdad, es incluso más importante este instante que cuando el editor decide arriesgar su dinero y publicar obras autores desconocidos, porque el lector es el fin último tanto de quien escribe como del editor. El lector es el juez que ha de juzgar de manera severa lo que se esconde tras las tapas de cualquier libro, y su juicio para bien o para mal es y siempre justo, sabio y sobre todo inapelable.


Me gustaría recibir buenas críticas, claro que sí, pero desde el momento el lector abre un libro, una vez pasado el siempre tan aburrido como en muchas ocasiones necesario prólogo, que yo casi nunca leo —sustituido en Los manuscritos de Teresa Panza, por una carta al vicerrector de la facultad de Filología de Cuenca —la novela debe comenzar a enganchar, o al menos debiera.

Al narrar en primera persona, le doy libertad a Teresa, como queriendo descargar mi responsabilidad, que paso de ser autor a mero transcriptor de los manuscritos redactados de puño y letra por Teresa Panza:


La caja de Pandora. Pintura: John Waterhouse

Teresa supo que en el momento que alguien abriese baúl que contenían sus manuscritos se desnudaría ante los ojos de todo el mundo, que sería juzgada por sus renglones torcidos.  Sabía que algunos llegarían a pensar que mejor se hubiese dedicado a otros menesteres y haber utilizado aquellos papeles para encender la lumbre, otros escandalizados la querrían quemar a ella misma en la hoguera de la Santa Inquisición, algunos habrá que la intenten comparar con su admirado Cide Hamete Benengeli, buscaran su alma y su espíritu entre sus renglones.  Sin embargo ella a la hora de escribir aquellos manuscritos nunca pretendió poner en cuestión lo que en letras de oro escribió Cervantes, solo quería narrar su verdad y su testimonio, no para ser sometida al juicio sumarísimo del lector, sino para una vez trazadas las palabras sobre el papel, sabedora que ya no los podría leer Miguel de Cervantes, ya en el umbral de la muerte, cuando su joven y bello cuerpo de antaño se transformase en un pellejo ajado y viejo, en esos instantes  a lo único que aspiraba es que aquellos escritos al igual que su cuerpo, fuesen comidos por los gusanos, no contó con aquel intruso que cuatrocientos años después entró en la cueva.
 Él abrió la caja de Pandora, que sea pues él quien sea reo del juicio al que se sometan estos baldíos o fértiles surcos y sea condenado a la crítica feroz o ensalzado si llega el caso, que es él el culpable de que estos manuscritos vean la luz, en lugar de perecer donde Teresa los dejo.

Por tanto si alguien ha de ser juzgado que sea Paco Arenas












Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...