miércoles, 13 de mayo de 2015

Sensaciones y ausencias ante la presentación de mi novela Los manuscritos de Teresa Panza



Sé que debería hacerlo, debería centrarme, no tener la mente dispersa,  pero no soy capaz, estoy como en un paraje de ensueño, con sus unicornios mágicos, sus quijotes locos y cuerdos o sus sanchos sensatos y versados en la vida del campesino humilde que se contagia —como si se tratase de una viruela —de una locura y las alucinaciones de su señor don Quijote que le hacen ver cabritillas de colores sin necesidad de subirse a Clavileño.
 Siempre me he sentido y me siento como lo que soy, un campesino que trasplantado al asfalto nunca ha terminado de agarrar en el contaminado negro alquitrán de la ciudad. Me veo, salvando las distancias, como Miguel Hernández en el patio madrileño de Pablo Neruda — ¿qué más quisiera yo?  —Subiéndome a los árboles para imitar el canto del jilguero, despotricando como él contra los “rascaleches” (rascacielos). Sí como él soy un hombre de campo, que sueña, aunque ya quisiese yo para mí sus desiertas abarcas, su ingenio.

Tal vez está soñando y necesite despertad.  Puede que este casi viejo, se haya quedado dormido y esté soñando un fantasía de juventud. De repente siento esa timidez adolescente, pero también la necesidad del crío que suspende siempre en matemáticas y de repente saca un diez, y no se lo cree ni él.
El próximo 29 de mayo, será el parto, el nacimiento de este hijo, y entonces querré dedicar mis primeras palabras a los ausentes, a mis padres analfabetos, Fermín y Vicenta, que me enseñaron lo más valioso, a ser honesto conmigo mismo y me transmitieron sus ideales. A mis hermanos Dolores, Felipa e Inocenta,  cuñados ausentes  José y Patricio, que emprendieron todos ellos  el último viaje, y que no creo que se fuesen al cielo, mucho menos al infierno, no eran de mucho viajar y se quedaron para siempre en el fondo de los corazones de quienes les quisimos. También de aquellos seres queridos que emprendieron su último viaje cuando todavía les quedaba toda su vida por vivir, mi sobrino Fermín y mi sobrina Jenny. Creo que esto no debiera decirlo en la presentación, porque ahora estoy llorando y quiero ser feliz, disfrutar de este momento, recordándoles a todos ellos, y eso no está bien en una presentación.
También recordaré y quisiera que estuviese presente a mi hija, que por suerte está llena de vitalidad, pero que está en época de exámenes en su último año de carrera en Madrid y que al día siguiente cumplirá sus 22 primaveras, pero no me quedará más remedio que ponerme un poco triste porque ese día no esté a mi lado.
En fin no quiero seguir, me emociono y debo centrarme, como he dicho al principio, debo centrarme y no tener la mente dispersa, que estoy haciendo la declaración de la renta. Tal vez comienzo un nuevo recorrido, o quizás sea una estación ocasional en mi vida.    Siempre hay y habrá dudas pero siempre debemos caminar hacía ese camino que queda por recorrer con nuestros miedos pero también con nuestros sueños.

A todos muchas gracias.

Página de Facebook de Los manuscritos de Teresa Panza

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