martes, 20 de octubre de 2015

Soy simiente sobre tierra seca, el último poema

Después de participar en un certamen poético, uno der los miembros del jurado se puso en contacto conmigo y me invitó a comer a su casa, me dijo que yo era un diamante en bruto, que podía a llegar a ser bueno y él estaba dispuesto a ayudarme, pero debía dejar la poesía social de lado, estoy seguro que me quería ayudar, pero yo ya había tomado una decisión: dejar de escribir. Le dije que me lo pensaría,  entonces estaba convencido que la poesía no me daría de comer no servía y para cambiar el mundo y que yo no era un poeta, ni tan siquiera un mal poeta, siendo muchos más fuertes mi ideales que mi amor a la poesía,  y esta fue mi respuesta unos días después fue una carta con estos versos y durante muchos años no volví a escribir un solo verso más:

Soy simiente sobre tierra seca, el último poema

Me dices amigo mío que calle mi voz
ante lo que mis ojos ven,
como si el verso sólo hablase de amor
y las palabras fuesen enhebradas con caricias.
Como si los únicos temblores fuesen los de la piel desnuda,
anhelando que una tormenta de la pasión infinita
penetre en lo que se esconde tras el monte más codiciado.

Me dices amigo mío que no mire
y que lo que vea calle,
que más da el rico que el desnudo,
y los versos tienen un precio que hay que pagar,
que nadie compra si no tiene
o lo que lee le incomoda,
y los poetas deben cantar a la belleza.
¿Duermes plácidamente, amigo mío?

Amigo mío, soy simiente en tierra seca;
no aspiro a probar las mieles de la gloria,
sino a provocar el agrio vómito del hambriento.
Me dices que sea bufón del señor,
y estimule sus carcajadas aunque mis ojos lloren…
Hay una terrible tormenta en mis ojos de campesino
que lloran lágrimas de sangre
sobre una tierra estéril que germinará
una mañana de primavera.

24 de agosto de 1986
©Paco Arenas — Las abarcas del campesino analfabeto que soñó ser poeta






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