martes, 24 de noviembre de 2015

Campesinos de La Mancha y receta de las patatas labradoras

Cuadro de Antonio López (Tomelloso)
A mis padres y a todos los campesinos de la Mancha, de Castilla, de España y del mundo.

Este texto lo escribí el día en que fui pregonero de las fiestas de mi pueblo y al día siguiente hice la presentación en su biblioteca. Fui tan liado que me olvidé de publicarlo. da la casualidad de que mañana hago una nueva presentación de Los manuscritos de Teresa Panza, ahora en Godella. y he recordado lo que había escrito, y me han apetecido comer patatas labradoras, así que aquí os dejo el texto y la receta. 

Hoy regreso a La Mancha, Tierra que en verano se convierte en un horno a 40º , mientras que en invierno se hiela hasta el pensamiento.  He recordado a mi padre, con su pañuelo, gris a cuadros, en la cabeza.  Sus abarcas y calcetas de lona, preparando para irse al monte, a cortar leña, a podar la viña o las olivas, o la parcela a labrar.

—Vicenta, échame el caldero y unas patatas, que hoy tengo día por delante.
Le decía a mi madre, mientras él uncía la yunta y preparaba las herramientas que necesitase. Mi madre siempre añadía unas tajadas de tocino y aceitunas, y si había un tomate, sal, aceite y unos ajos para picarle al tomate.


Esos días en que se llevaba el caldero se preparaba patatas labradoras. En ocasiones mi madre le decía de hacérselas ella; pero a él, le gustaban calientes, muy calientes, aunque fuese verano. Recuerdo las pocas ocasiones que le acompañaba y me doy cuenta que aquellos campesinos, hombres o mujeres eran auténticos héroes, dignos de admiración.

 Hoy que voy a presentar mi primera novela en la tierra que pisaron ellos, me doy cuenta, como en tantas otras ocasiones, que su escritura tenía mucho más mérito que la mía, que por muchas novelas que escriba, buenas o malas, nunca seré digno de calzar sus abarcas campesinas, porque las cosas más importantes, sus valores, su constancia todavía no he logrado tenerlas.

Hoy más que nunca recuerdo a mis padres, a mis hermanos ausentes, a mis sobrinos, y aquellos otros que no conocí. Ellos forman parte de mí, yo quiero ser su voz, decir todo aquello que a ellos les prohibieron y que meditaban mientras al sol preparaban unas patatas labradoras bien calientes.  Aquellos campesinos, tenían callos en el corazón, en la garganta de tanto querer gritar y no poder hacerlo y eso les quemaba más que esas patatas labradoras, que el horno del sol de La Mancha. Su grito mudo hoy llega a mí con fuerza, hasta estallar en mis oídos, obligándome a abrir la voz para gritar sus palabras, sus sentimientos, sus rebeldías y ansias de libertad.

—No te calles. No te calles... ¡Grita! —Me parece escuchar a mis padres. —Que tus palabras sean testigos de aquellas que a nosotros nos obligaron a callar.

Hoy soy más campesino y me siento orgulloso de serlo, de sus callos y de los míos. Hoy soy más Arenas, hoy soy más Ciriaco.

¡Gracias Padre! ¡Gracias Madre!


10 de septiembre de 2015

Patatas labradoras (para 4 personas)

Ingredientes:
- 1 vaso de aceite
- 1/2 Kg. de patatas
- unos dientes de ajo
- 1 hoja de laurel
- 3 huevos
- Una hebra de azafán de La Mancha
- 3/4 de litro de agua

Modo de hacerlo:

Las patatas se cortan un poco gruesas y se fríen sin llegar a hacerlas del todo. A continuación se ponen a cocer con sal y laurel. Cuando están cocidas se les machaca con ajo y se les añade el huevo crudo y un poco de azafrán. El huevo se pone sin batir y se remueve un poco,. 

Antiguamente se llevaba un caldero, que se limpiaba con la cola de las mulas.
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