viernes, 26 de febrero de 2016

Los sueños de un campesino que soñó ser poeta (El burro manchego y el alazán boricua)



A don Jaime Flores Flores, caballero boricua de los alegres sueños

Que los burros pueden aparearse con jacas de pura raza, es algo probado. Incluso pueden preñar a la yegua, que nunca parirá un cartujano, alazán, ni tampoco un árabe..., ni tan siquiera un robusto caballo percherón de tiro, que trabajando como un burro, no deja de ser un caballo.

Está claro, que el resultado de ese apareamiento será mulo o mula, más grande y elegante que un burro, pero bastante menos que la yegua madre y sobre todo estéril y sin posibilidad de descendencia.
Que un ignorante como yo, sin haber apenas pisado la escuela, escriba libros, no deja de ser una casualidad, como la del burro flautista, que tocó la flauta por casualidad.

Burro que tiene un amigo que es un catedrático generoso y condescendiente, además de ser muy paciente con este destripaterrones. Porque si bien es verdad que el burro, ha llegado a la categoría de mulo, por más que lo intente, donde no hay no se puede sacar, y mira que el muy burro, perdón, mulo, lo intenta y cuando el sabio profesor le habla de los "vocativos", él raudo y veloz, agarra el diccionario y busca la palabreja. Y si habla el paciente profesor de conjunciones y verbos, el tozudo mulo, se jura así mismo que intentará aprenderlos. Olvida que durante el poco tiempo que fue a la escuela, nunca llego a hacerlo...

No obstante el mulo es muy tozudo, estando dispuesto a uncir los dedos al teclado y arar los surcos de su mente buscando las raíces de su pobre imaginación de campesino de tierra seca.  Escribió el gran Mario Benedetti:

"Un sociólogo norteamericano dijo hace más de treinta años que la propaganda era una formidable vendedora de sueños, pero resulta que yo no quiero que me vendan sueños ajenos, sino sencillamente que se cumplan los míos."

Este hombre, que considero mi amigo, sin conocerle, y confió plenamente en él, lo admiro y aprecio; aunque tal vez viendo mi torpeza, no le quede otra que tener paciencia o decirle al burro, perdón mulo, vaya usted con Dios y con su alfalfa se lo coma.

Y al burro, discúlpeme usted, que no es insulto, al mulo, aplicarse el cuento, que teniendo tan buen profesor ayudándolo, tal vez, aprenda a diferenciar el trigo de la avena

¡Muchas gracias, amigo, profesor Jaime Flores Flores!


©Paco Arenas
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