viernes, 11 de marzo de 2016

Once de marzo (Poesía)



A ellos a las víctimas de los atentados y a sus familiares que sufrieron  por culpa de los miserables que mintieron  y trajeron la muerte.



Once de marzo, amanece sobre Madrid
con el frío en los andenes de la estación.  
La muerte ronda en los vagones del tren
a obreros y estudiantes.
¡Ojalá fuese los culpables!
Ellos, los miserables, ebrios de sangre inocente
brindan con champan,
mientras los cuerpos se esparcen
y las rosas se marchitan.


Doscientos muertos piden memoria,
mientras los miserables
esparcen la mentira
y sus cómplices fingen estar en Babia.
No hay mayor sordo que quien no quiere oír,
ni mayor cobarde que el que espera que pase la muerte
 con su ensangrentada guadaña
  sin rozarle la cara, sin hacer nada.


Malditas las guerras tejidas de banderas empapadas con sangre.
Malditas esas banderas en las que se envuelven los traidores
en nombre de la patria,
que se izan victoriosas después de la matanza.
¡Funesto honor! ¡Victoria miserable!
La del pueblo que resignado se lame las heridas sin hacer nada.


Malditos quienes siembran la muerte en tierras extrañas
Provocando la cosecha mortífera en nuestra casa.
Malditos quienes asisten indiferentes al espectáculo
De cadáveres despedazados mirando para otro lado,
Y se escandalizan con títeres de trapo.
Malditos los pueblos que consienten, como dóciles corderos,
ser gobernados por tiranos con las manos ensangrentadas,
humillándose ante ellos sin clamar venganza.
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