lunes, 16 de mayo de 2016

La absurda vehemencia de la ignorancia (Relato muy real)


Quien me conoce sabe sobradamente que nunca hago chistes sobre la falta de cultura de las personas, a la hora de escribir “b” cuando debería ser “v”, porque por regla general siempre hay una razón de peso, y es el no haber tenido acceso a la educación, como fue mi caso. Hoy voy a hacer una excepción. La razón lo requiere y lo que puede parecer de risa, me resulta muy triste, más cuando me temo que es un problema generalizado en España, aunque tal vez no tan acusado como lo que me ha ocurrido en el hospital esta mañana.


Me he encontrado a un viejo conocido mío. Me consta, porque lo sé, que es muy buen hombre y trabajador, aunque lleva ya cuatro años parados y como yo sin esperanza de encontrar trabajo, sobrevive él y la mujer, gracias a los cuatrocientos euros de subsidio y a la ayuda que le da su padre, con el que viven, porque hace dos años el banco les robo el piso. Me he alegrado de verlo después de más de quince años. Nos hemos saludado y hemos comenzado a hablar mientras que esperábamos para entrar en la UVI a visitar a nuestros respectivos familiares.

—Ahora que me acuerdo, me dijo Miguel, el fallero, que habías escrito un libro… ¿Cómo se llama?

 —Me preguntó como si estuviese realmente interesado en él.

—Sí. Se llaman Los manuscritos de Teresa Panza.

—Teresa Danza, ¿y esa quién era? ¿Una bailarina?

—Panza, la hija de Sancho Panza, un personaje nuevo que me he inventado…—me apresuré a aclararle yo, como si fuese tan fácil.

—Ahora caigo. Quijote, Sancho, Sancho Quijote…, mira que estaban bien esos dibujos animados, ahora ya no se hacen como antes. Y es que ahora con tanto ordenador la gente no sabe ni trabajar, a picar los mandaba yo a los de los ordenadores—comenzó a tatarear la melodía de la serie de dibujos animados, añadiendo con contundente vehemencia digna de un catedrático de Salamanca la virtud de los dibujos animados de antes, y la maldad de los ordenadores. No quise decir nada al respecto, ni tampoco decirle que antes había un libro de tal nombre, que siendo una joya, poca gente había leído. Realmente no merecía la pena.  De repente vimos llegar a dos sacerdotes, provenientes de la capilla adyacente, uno de la Iglesia Católica de raza blanca, posiblemente español y otro de la Iglesia Evangélica, de raza negra y con acento caribeño, que pasaron de manera precipitada a la UVI. Al instante nos dijeron que nos quitásemos del pasillo, porque tenían que sacar un cadáver de la UVI. Cosa que realizaron con asombrosa rapidez, introduciéndolo en el ascensor. Yo me quedé pensando en la llegada de los sacerdotes y la salida del cádaver, el hecho que apareciesen de dos iglesias diferentes me llamo poderosamente la atención. ¿Solicito el servicio el moribundo o se trataba de una practica habitual del hospital ante el fallecimiento de cualquier enfermo? Todavía me estoy preguntando.  Tras la desaparición del cadáver, camilleros y sacerdotes por el ascensor,  la sala de espera y el pasillo se quedaron en el más absoluto silencio. A buen seguro que a más de uno le dio un vuelco el corazón.

—¿Tú sabes quién era Federico El Hermoso? —Me espetó rompiendo el silencio.

—Supongo que te referirás a Felipe El Hermoso…

—Sí, a ese, que estaba casado con Juana la loca. Lo tenían que desenterrar todos los años para que Juana la loca le diese un beso en la boca. Lo vi en la película, menudo putero el cabrón, ¡qué hijo puta!

—Eso es algo común entre todos los reyes…—intenté argumentar yo, mas raudo y veloz continuó con su película.

—Y tanto. A Juana la loca la encerró mientras él se iba de pingos pardos con Isabel II, que era otro putón verbenero y además madre de Juana la loca, fíjate, acostarse con la suegra, la madre de Alfonso XII, el de la película de “A dónde vas pobre de ti”. Y si no el rey, el de ahora no, el padre, que hizo un palacio al lado de la Zarzuela para tener allí a la Mónica Lewinsky. Todo con nuestro dinero. Que le pagamos un sueldo que…

Y así me estuvo explicando y mezclando, dinastías reyes, reinas y amantes de diversos mandatarios y yo escuchando admirado con la elocuencia que lo narraba, como despotricaba contra todos los miembros de la Casa Real, contra Rajoy y su gobierno. Mientras apenas podía aguantarme la risa, por el lío mental que llevaba en su cabeza, pero tampoco quería ser pedante y presumir de mis conocimientos de historia. Películas y noticias vistas entre cabezada y cabezada en el sofá regadas en sus buenos tiempos con cerveza y güisqui, se habían transformado en un maremágnum de conocimientos totalmente anárquicos que vagaban por su cerebro de manera desordenada. Cuando parecía que le faltaba la respiración, después de sus sesudas aseveraciones contra la Casa Real y el gobierno, ha echado un trago de agua y me ha preguntado, como si me acusase del peor de los crímenes:

—¿Y tú, no dices nada? ¿Te roban, y no dices nada?

—Que lo que hace falta es que venga la República de una puñetera vez —le respondí, pensando que iba a estar de acuerdo conmigo. Sin embargo, veo que se echa las manos a la cabeza alarmado, como si hubiese dicho la mayor barbaridad del mundo.

—¡Amos,[1] por Dios! ¿Tú sabes lo que has dicho? Eso es lo peor que hay.

—¿Por qué? —Le he pregunté, sin comprender muy bien su reacción.

—Eso es la guerra, lo peor que puede pasar en España es una guerra, la república es volverla a liar, nadie quiere eso…¿Tú no decías antes que eras pacifista?

—Y soy pacifista, la república nada tiene que ver con la guerra, Francia es una república, Alemania es una república…

—¡Ea![2] ¿Ves cómo me das la razón? La que liaron en París hace unos meses, y Alemania el Hitler y la Meckel la que tienen liada…

Recordé entonces que él había estado trabajando en Suiza, dónde había ganado en seis meses dinero suficiente para dar la entrada de un piso. Recordé sus alabanzas al país helvético.

—Eso no tiene nada que ver con la república. Suiza también es una república…

—¿Me lo vas a decir a mí? Qué equivocado estás, Suiza es una confederación. Me tiré seis meses trabajando allí, en seis meses gane más que aquí en dos años, eso es lo que funciona, la confederación…

Le di la razón, por darle algo. Y él orgulloso, dispuesto a darme ahora una lección de política:

—¿A quién vas a votar?

Antes de que pudiese contestar me lanzaba esta perorata, al Pepe, de ninguna manera, mira el Bárcenas, la Aguirre, la Botella, la Rita, menuda Rita. Al Pesoe, de ni harto de vino, anda que los eres de Andalucía…

—Entonces votarás a Podemos e Izquierda Unida…—me atreví a interrumpirle.

—¿Por quién me tomas? ¿Qué quieres que se hagan los venezolanos los amos de España? Yo voy a votar a Primo de Rivera… —dudó un poco, supongo que ante mi cara de sorpresa — ¿Tú también, verdad?

—Ni borracho, además lleva muchos años muerto…

—¿No me jodas? ¿Han matado a Primo de Rivera, el de ciudadanos?

—A José Antonio Primo de Rivera sí, a Albert Rivera, no.

—Menos mal —suspiró —, es a quien voy a votar. — ¿Cómo has dicho que se llama tu libro? Por saberlo, porque yo no leo nada, yo no pierdo el tiempo con esas cosas…

Ahora quien suspiraba era yo, comprendiendo muchas cosas, mi conocido, no perdía el tiempo leyendo.  Se empapaba de películas y noticiarios entre cabezada y cabezada en el sofá, regados los sueños con agua, porque a cerveza no le llegaba el presupuesto y mucho menos a güisqui. Sin embargo es capaz de decirme las alineaciones del Madrid, del Barça y el Atlético de Madrid de cualquier temporada, así como los resultados y jugadas importantes, lo cual no le puedo llevar la contraria por ser un ignorante en tales cuestiones, por él, ayer, tuve conocimiento que Guardiola ya no era entrenador del Barça,  o sea,  que también soy un ignorante total, como así me lo hizo saber.
Lo triste es que a buen seguro que hay muchos como él.

©Paco Arenas




[1] Expresión que se utiliza para iniciar la marcha o para meter prisa, literalmente puede traducirse por ¡vamos!..
[2] Interjección popular. Se emplea en cualquier situación.
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