domingo, 12 de junio de 2016

Y la inspiración se fue de vacaciones...



Entonces llegó a la triste conclusión que no sabía cómo continuar. Tantas horas perdidas frente a la pantalla, con una historia bien diseñada en su cabeza, al menos eso creía él.  Su mente se había quedado en blanco, las ideas se habían evaporado de su cabeza como el agua de los embalses en verano.  Sus dedos, que en ocasiones parecían ramificaciones de su cerebro, se quedaron quietos sobre el teclado. Notó un sueño inmenso, sus ojos se cerraban anhelando el sueño reparador de la noche. Miró el reloj — las dos de la mañana —musitó con desgana, apagó el ordenador y bajo las escaleras como un sonámbulo. Entró en el cuarto de baño a oscuras, no encendió la luz hasta que llegó frente al lavabo. Con una parsimonia espantosa unto el cepillo de dientes con la pasta, que tenía prisa por salir y al apretar más de lo debido, dibujo un círculo sobre la cerámica de lavabo, por donde de inmediato comenzaron a jugar al corro de la patata un grupo de nogmos que salieron del sumidero, por donde se marcharon nadando en el momento que abrió el grifo para mojar el cepillo dental.  Se cepillo con desgana, con el grifo abierto, él que siempre lo cerraba.   De repente pudo ver a Pocahontas desnuda bañándose en la cascada que salía del grifo.

—Habrá que aprovechar el agua que derrochas —dijo descarada la princesa india.
Entonces apago raudo el grifo y la cascada desapareció de inmediato, dejando a Pocahontas con toda su belleza al aire. La cual antes de desaparecer, también por el sumidero, le dijo señalando cierta parte:

—La tienes muy larga.

Él se la acarició, efectivamente, la tenía muy larga, pocas veces la había tenido tan larga.
   Dejó las gafas sobre el libro de cuentos infantiles que leería antes de irse a dormir, y tras mirarse al espejo, asintió con la cabeza, diciendo:

—Sí, la tengo muy larga. Mañana me la cortó.

Se acarició nuevamente la barba, como despidiéndose de ella, y se fue a dormir.
Al llegar a la cama sacó de debajo la almohada el pijama de Peter Pan, que en esos momentos se encontraba haciendo el amor con Campanilla. La pareja, molestos y enojados, por la interrupción salieron volando hacía un punto oculto de la oscura habitación.  A la altura de los ojos se paró campanilla, que como Pocahontas, también estaba desnuda, la cual señalándole cierta parte le dijo:

—La tienes muy larga. Y una advertencia viejo verde, provocador de “coitus interruptus”, quien mal hace su parte saca. Está noche esta mosquita te la chupara.

Le estiró de un pelo de la barba, y se marchó volando. Él de nuevo se acarició su blanca barba.

——Sí, la tengo muy larga. Mañana me la cortó.

A oscuras fue a ponerse el pantalón del pijama, metiendo las dos piernas por el mismo camal y cayendo, afortunadamente sobre el lado izquierdo, de caer sobre el derecho habría chocado su cabeza sobre la consola y se habría abierto la cabeza, cayó sobre la cama, despertando a su bella durmiente, que enojada por no haber seguido el protocolo reglamentario del beso, le empujó fuera de la cama. Él se disculpó:

—Es que la tengo muy larga y la he metido…

—Pues te la cortas y otra vez la metes por donde toca…

—Pues es lo que decía yo. Que mañana me la corto.

A la mañana siguiente, cuando fue a darle un beso de buenos días a la bella durmiente, entre penumbras se le quedó fijamente mirando con una risa desternillante.

—La tienes muy larga.


—Sí, la tengo muy larga. Cuando me levante me la corto.

—¿La nariz?

A la mañana siguiente, para que no se olvidase, Campanilla se la chupó hasta hacerla enrojecer y provocar una hinchazón descomunal en la punta de la nariz, semejante, ahora a la de Cyrano de Bergerac. Tras cortarse la barba, subió al despacho, y se puso delante del ordenador, donde Campanilla le dejó un aviso en una cuartilla, pegada a la pantalla:

“La próxima vez te chuparé otra punta, so bestia".

Se encogió  de hombros, pensando que tal vez debería ponerse calzoncillos con candado.  Como no le llegaba la inspiración, se limitó a escribir todo lo ocurrido desde que se le fue le inspiración de la mano de Campanilla y Peter Pan… 



©Paco Arenas.


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