lunes, 25 de julio de 2016

Sí alguien lo entiende que me lo explique, que ni yo me aclaro.



 Sí, estoy loco, loco de remate, apenas sé caminar y pretendo volar. Incapaz de calibrar las consecuencias de manera equilibrada, como se supone que debe hacerlo alguien que no tiene los sesos hueros, que mira y distingue la luz de la oscuridad.

 Estupidez traslucida que sabe que amarillea sin dar sabor. Cocinero olvidadizo que pretende inventar el cocido castellano, no gallina vieja, que hace buen caldo, sino con capón criado en jaula, con apariencia de auténtico pero sin acierto en el paladar.

 Pretender sustituir la gracia en un texto, disfrazar de ingenio lo que es tan solo imitación inconsciente y engañosa de un joven que no fue, que solo soñó ser.

Y seguimos con la cocina y sus sabores. Todo se debe hacer con los ingredientes precisos y auténticos, sin sucedáneos. Pretender comportarse en el potaje como si fuese azafrán de La Mancha, siendo colorante alimentario cancerígeno sacado artificialmente del petróleo es de locos.

No hay especia como el ajo, ni fruta como el madroño, ni mujer que no se ría estando delante del novio, decía mi padre. Y llevaba mucha razón, que el ajo morado de Las Pedroñeras no tiene nada que ver con el traído de China, el resto del refrán no viene a cuento.

 Tampoco se pueden hacer unas exquisitas magdalenas de Pinarejo con esa malsana imitación edulcorante petroquímica que nos quiere quitar el agradable sabor de la azúcar de caña o remolacha, incluso pretendiendo que olvidemos el antiguo rastro dejado en el paladar de la niñez de la miel. 

Creer, que alguien puede comportarse sin ser, solo con la apariencia de ser, siendo un burdo imitador, es absurdo. Nadie puede renunciar a su esencia, ni el cocido a la gallina, ni el ingenio a la imitación, ni cualquier ajo chino puede suplantar al de Las Pedroñeras y comarca, tampoco endulza igual el azúcar o la miel, que cualquier sucedáneo petroquímico. 

Pues eso, lo que vale para las letras, para la cocina, que es de lo que más entiendo, siendo escritor mediocre y cocinero de andar por casa y de poco talento, sirve también para la vida, por supuesto para la política, las magdalenas siempre con azúcar, y si son sin azúcar que sea mi próxima novela. La democracia lo mismo, no falsos sucedáneos que al final fracasan. No se puede exigir a quien no es demócrata que ejerza como tal. Hay que ser imbéciles para creer que eso puede ser así. Quien quiera entender que entienda, quien lo sepa interpretar que lo interprete, que aunque no parezca este es un texto político democrático y radicalmente irreverente, que de estar escrito con la claridad tal que hasta nuestros necios e ineptos dirigentes políticos fuesen capaces de entenderlo, antes de una hora me pondrían la esposas.    Por suerte, de donde no hay no se puede sacar, tal vez esa sea la única ventaja de tener unos incompetentes, torpes, incapaces de hacer algo que no sea en beneficio propio, incluso necios para robar, que es para lo único que saben hacer bien, aparte de engañar. Solo unos pocos sacaran lo que quiero decir, dándose la circunstancia que ni yo realmente sepa si lo que pretendo transmitir he sido capaz de escribirlo con la suficiente claridad, para que yo, que muy espabilado no soy, logre entenderlo.  


©Paco Arenas


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