martes, 27 de septiembre de 2016

¿Por qué el antiguo Bar Arenas se llamó Arenas y no Benicalap?

Carta de tapas del antiguo Bar Arenas


Sí, ya sé que muchos dirán que se llamó Bar Arenas porque es nuestro apellido; sin embargo se equivocan, no es mi apellido, y por supuesto tampoco el de mi hermano, como por otra parte suele ser lógico en la mayoría de los casos. 

Nuestro apellido es Martínez.  No obstante, desde el primer día yo quería que se llamase Arenas, sin por ello estaban abiertos a otros nombres, como Benicalap, que era el nombre propuesto por mi hermano Julián.  Por entonces éramos albañiles, aunque yo había trabajado en hoteles de Ibiza desde los trece años.  Ya se acercaba la terminación del bar y lo que menos nos habíamos planteado es cómo se iba a llamar. Estábamos más preocupados por los malos augurios que todos pronosticaban sobre nuestro futuro como taberneros. También eran tiempos de crisis, aunque más fácil de superar que la actual, que más que crisis es una estafa.

—Un local muy grande para conforme está la cosa —decían unos, a pesar de que el local no era muy grande, noventa y seis metros, el espacio justo para trece mesas.

—Con la experiencia que tenéis en la hostelería antes del verano habréis cerrado. En este oficio si no eres profesional vas rápido al hoyo —profetizó, afortunadamente equivocándose el dueño de un local más grande y elegante que el nuestro, durante todos los años que tuvimos el bar, diecisiete, llamaba al Bar Arenas, el bar de los albañiles.

La verdad es que llevaba razón, mi hermano siempre había sido albañil, y yo desde antes los trece años había desempeñado multitud de oficios, desde aparca coches en una pista gigante de  Scaletrix, botones, recepcionista de hotel y dos temporadas de  camarero de hotel, el resto más de diez de albañil. No, no teníamos experiencia, pero sí ganas y lo demostramos, equivocándonos muchas veces y tropezando otras.  Por suerte teníamos ayuda, aunque los primeros meses los gastos eran mayores que los ingresos, y yo que entonces era delgado, me quedé; aunque ahora cueste creerlo, en cincuenta y ocho kilos, de lo mal que lo estaba pasando, porque yo era el responsable de haber embarcado a mi hermano en aquella aventura, que él no quería emprender, y que si lo hizo fue por amor de hermano.  Aquellos económicamente desastrosos meses, nos sirvieron para ir aprendiendo sobre la marcha, con la ayuda de mi hermana Mariana.

Pero bueno, me he ido por los cerros de Úbeda y estábamos en Benicalap.  Cierta mañana estábamos mi hermano y yo alegando razones para llamarle Bar Benicalap, o Bar Arenas; siendo urgente decidirlo aquel día porque se debían pedir los permisos al día siguiente.

—Estamos en Benicalap y hoy por hoy ningún bar se llama Benicalap en todo el barrio —argumentaba mi hermano con bastante sensatez y buen criterio.

—Sí, pero, Arenas es nuestro mote, el apodo de nuestro padre, creo que quedaría bien Taberna de los Arenas, Taberna Arenas, incluso Fermín Arenas como homenaje a padre —argüía yo mis razones, haciendo hincapié que no me gustaba la palabra “bar”, prefería taberna.  

Así hubiésemos estado toda la mañana de no haber llegado un vecino nuestro con su hijo, de nombre Javier, entonces de siete u ocho años, ahora cercano a los cuarenta. El chiquillo realizó la pregunta mágica:

— ¿Y cómo se va a llamar el bar?


— ¿Tú qué nombre le pondrías? Le preguntó mi hermano.

El chiquillo que no esperaba ser respondido con una pregunta se quedó desconcertado sin saber que responder. Pero reaccionó pronto:

—Bar Arenas.

Mi hermano y yo nos quedamos sorprendidos, pues a nadie le habíamos dicho que ese eras uno de los tres nombre barajados.

— ¿Y eso por qué? —Le pregunté yo extrañado.

—Muy fácil. Vosotros sois albañiles, los albañiles trabajan con arena y cemento, y el dueño del bar ¿tal? ha dicho que no de lo único que sabéis es de arenas, y aquí tenéis un montón grande de arena, como sois dos, y Bar Albañiles no queda bien, pues Bar Arenas —razonó el chiquillo.

12 años después, todavía mucha gente los conoce como Bar Arenas, por algo será.
Y así fue como de carambola, por quien nos llamaba los albañiles y el ingenio del chiquillo,  el bar pasó a llamarse Bar Arenas, honrando a mi padre, y a la digna profesión de la albañilería. Y a mí, mucha gente pasó a llamarme Paco Arenas, del mismo modo que a mi madre llamarón Fermín Arenas, sin que quien me llamaba Paco Arenas supiese que era mi apodo familiar y no mi apellido.



©Paco Arenas
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