domingo, 9 de octubre de 2016

Caricias Rotas, mi segunda novela, ve la luz



No debería ser necesario concienciar a nadie para que todos tuviésemos claro que nadie, absolutamente nadie,  tiene derecho para ejercer la violencia contra otra persona, y menos si a esa persona se supone que la amas. No hubiese querido escribir Aurora cierra los ojos, con el que quedé segundo clasificado en Concurso de relatos contra la violencia machista organizado por Ediciones Hades y el Ajuntament de Terrassa, mucho menos escribir Caricias rotas. Por desgracia todo lo que se haga para concienciar contra esa lacra es poco e insuficiente.


Lamentablemente los actos de violencia contra la mujer, y en ocasiones directa o indirectamente contra los hijos es algo que está sucediendo todos los días. Los maltratadores juegan con ventaja. La ventaja de que a nadie se le pasa por la cabeza que una persona de la que estás enamorada te pueda hacer daño. Saben provocar que la mujer se sienta culpable de las agresiones que recibe, ya sean físicas, verbales o en forma de humillación en el hogar o ante el de la sociedad.  Lamentablemente es un patrón que se repite, mucho más de lo deseable. Para escribir Caricias Rotas,  he leído varios libros, tanto de ficción como profesionales, uno de ellos escrito por Miguel Lorente Acosta: Mi marido me pega lo normal, el cual recomiendo. Es un libro que recoge la psicología del maltratador desde el inicio, aunque hay otros muchos.


Es cierto que la sociedad está cambiando, afortunadamente, pero no es menos cierto que todos los días mueren varias mujeres en el mundo a manos de sus maridos, novios o amantes; e incluso de sus padres o hermanos por cuestiones de “honor de familia”. La mayoría de esos crímenes suelen quedar impunes, por horroroso que nos parezca. En España estamos bastantes concienciados, y a pesar de todo mueren en torno a sesenta mujeres todos los años, y otras sufren silencio las palizas y humillaciones hasta el fin de sus días. No son ñoñas, ni tontas, ni les gusta que les peguen o humillen.  Nadie quiere el “castigo” por aquello que supuestamente “hace mal” o son “culpables”. ¿Entonces por qué no reaccionan? En muchos casos les hacen creer que merecen el castigo por no actuar correctamente siendo merecedoras de ese correctivo; o simplemente tienen miedo o están enamoradas, y como cualquiera de nosotros, no llegan a entender lo que les está pasando. Cuando estas mujeres reaccionan, lo pagan con la vida. Nadie sabe lo que sucede tras las puertas del “dulce hogar”. En ocasiones sí; sin embargo, se consideran  cuestiones que pertenecen a la intimidad de la pareja, “cosas de familia”. 


 Es preciso reaccionar de manera justa, equilibrada y a la vez contundente para ayudar a la mujer y a sus hijos si los hubiera puniendo todos los medios necesarios para auxiliarlas y darles la protección necesaria. Al mismo tiempo  resulta muy importante la labor de prevención por medio de potenciar la educación de la ciudadanía desde la más tierna infancia, en la escuela y en el hogar. Evitar estereotipos televisivos de famoseos, en los cuales tratan a la mujer como ganado, un producto que se expone como una mercancía, que provocan que ciertas actitudes parezcan de lo más normal. Perseguir los micromachismos, y los mensajes publicitarios en los cuales la mujer parece formar parte del producto en venta, ya sea un sofá o uno perfume.


  Cuando decidí escribir esta novela y a documentarme en varias ocasiones tuve que dejar la tarea sin concluir, no podía seguir. Después convocaron el premio contra la violencia machista y la resumí hasta dejarla en un relato de menos de treinta páginas, en segundo lugar. Continuaba pensando que debería aportar algo más, y terminar de escribir ese relato como novela. Como ya he dicho, en varias ocasiones la he dejado de lado, precisamente por lo duro que me resulta y, por no estar al cien por cien seguro de tener la sensibilidad que se debe tener para desarrollar un tema como este, creo que al final lo he conseguido. He procurado que al mismo tiempo de concienciar y entretener sea un grito a le esperanza. Porque se puede salir de ese mundo, hay vida después del trauma que representa una experiencia como esa, que por desgracia sufren muchas mujeres. 

 No he vivido esa experiencia, pero conozco personas que sí. A raíz de salir publicado el relato  Aurora cierra los ojos, algunas mujeres me narraron sus historias.   Caricias rotas es producto de enfrentarme a esos testimonios reales de mujeres maltratadas, de leer libros para documentarme, y de dejar en varias ocasiones la novela inconclusa por lo duro que esos testimonios, que es mucho lo que  cuesta llevarlos a la ficción.  Podría decirse que por su crudeza, he preferido no utilizarlos de momento, no recrearme en algo tan grave. Con Caricias rotas he procurado que por encima de la tragedia se  sepa que hay salida; además de denunciar la violencia machista de manera contundente, que sea un canto a la esperanza y a la felicidad, al derecho a ser feliz de toda persona, de toda mujer.

Paco Arenas

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