sábado, 29 de octubre de 2016

Noche de Todos los Santos y receta de miguillas dulces, gachas, puches o tarbinas.


Hoy quiero despertar la gula...

Mucho antes de que se importase la tradición anglosajona de “Jalogüin” (no pienso escribirlo en inglés), en La Mancha y en toda Castilla, ya teníamos nuestra fiesta de Todos los Santos, muy sabrosas y también con “máscaras”.
En los días previos ya los jóvenes comenzaban la frenética tarea de intentar convencer a sus mayores para que les dejasen la casa que se encontraban vacías en el pueblo, con la sana intención de celebrar en ellas la Noche de todos los Santos, llamadas en algunos sitios de Castilla de las Ánimas.   
Por la tarde comenzaba la gente joven a juntarse en esas casas, que tal vez habían sido de los abuelos fallecidos, o que vivían en la casa familiar (por entonces nadie contemplaba las residencias geriátricas y en las casas se juntaban tres generaciones de manera simultánea). Aquellas casas que habían permanecido vacías de cuerpos y almas se llenaban de gente, sobre todo adolescentes para celebrar una sabrosa y dulce fiesta. Después del mediodía comenzaba un ritual ancestral que nada tiene que envidiar ni ver  con el “Jalogüin” americano. Tras limpiar toda la casa, se preparaba una gran sartén para hacer las miguillas dulces, (en otras partes se llaman gachas, migas de niño, puches o tarbinas) y comenzaba la fiesta, sin presencia de los adultos.

Cada cual llevaba, además, otro tipo de viandas que servían para pasar la tarde noche sin agobios ni pesares, sin duelos ni quebrantos, y con alegría.  Se cantaba, se bailaba y sobre todo se contaban historias de muertos o vivos. Los jóvenes se disfrazaban, o no, simplemente con sábanas. Al final de la noche, o de madrugada, según los permisos paternos o de acuerdo a la edad,  con las miguillas sobrantes se tapaban las cerraduras de las puertas de las casas. Afortunadamente  las cerraduras eran antiguas de llaves grandes, siempre protestaban los damnificados pero tampoco llegaba la sangre al río y como nadie sabía quién había sido, aunque todos tenían un culpable, en muchas ocasiones dentro de su propia casa, pues con más motivos.  Los chiquillos también participábamos por la tarde, pero la gente mayor y los niños en el momento que anochecía quedábamos enclaustrados en nuestras casas.  También lo pasábamos escuchando historias de aparecidos y almas en pena. Aquella noche ¿Quién dormía?  

PREPARACIÓN

Ponemos el aceite a freír

Se deja enfriar un poco y echamos la harina  sin dejar de remover, cuando ya empieza a tomar color le añadimos la azúcar  las tostamos al gusto,  si nos pasamos será chocolate pingón, que también está bueno pero no es lo mismo.








Cuando ya está dorada la mezcla de la harina  y el azúcar se va añadiendo leche o agua poco a poco, evitando que se formen grumos, hasta que espese según nuestro gusto.







Cuando ya está a nuestro gusto, un pelin antes le añadimos los picatostes y una pizca de canela, las dejamos enfriar y a disfrutar.







 Con las que sobren, por favor no tapéis las cerraduras que las de ahora se estropean, además están tan buenas que al día siguiente se pueden volver a disfrutar. 
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