miércoles, 9 de noviembre de 2016

Cuando Cuenca tenía Giraldo

Catedral de Cuenca antes de derrumbarse el Giraldo.

Hasta el 13 de abril del año 1902, Sevilla tenía Giralda y Cuenca tenía Giraldo. El que fue el orgullo de una ciudad durante cinco siglos, caía desde su base, llevándose por delante la vida de muchas personas. Desde entonces la catedral de Cuenca es una de las pocas catedrales mochas del mundo, junto la de Cuenca Ecuador y la de Notre Dame de París. 


Cuando Cuenca tenía Giraldo, los vinateros pisaban la uva con los pies manchados de mosto, y tal vez de tierra de los surcos.

Cuando Cuenca tenía Giraldo, el agua se sacaba de los pozos con soga, garrucha y cubo, nos bañábamos en una artesa, o nos bañábamos, nos lavábamos a partes, la cara como los gatos, los sobacos, que ahora se llaman exilas, y hasta nuestras partes, con agua calentada en ollas y pucheros. 

Cuando Cuenca tenía Giraldo, nos vestíamos de domingo, con la misma muda varios años, según la estación del año, viajábamos en burro, mula o galera, y puede que algunos en diligencia, si los cuartos lo permitían. 

Cuando Cuenca tenía Giraldo, cruzábamos el puente de San Pablo con miedo a caer o que se cayese el puente, nos alumbramos con candiles y algunos con farolas de gas…

Cuando Cuenca tenía Giraldo, en las comidas todos bebíamos vino, los hombres solo, en el porrón, las mujeres, algunas con gaseosa y los chiquillos con azúcar, que el agua quitaba la gana. 

Cuando Cuenca tenía Giraldo, nos levantábamos antes que el sol, para pillarle la delantera y que no nos deslumbrase en el camino, no a la escuela, sino a la siega, la vendimia, la aceituna o labrar…

Cuando Cuenca tenía Giraldo, una fiesta era una fiesta y brillaban más que el sol, incluso había tres jueves que resplandecían más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi, y el día de la Ascensión.  Eran tan pocas las fiestas que teníamos, que era preciso disfrutarlas con pasión.

Cuando Cuenca tenía Giraldo, qué bonita estaba la catedral, aunque ahora tampoco está mal. 

Cuando Cuenca tenía Giraldo, mis padres todavía no eran ni espermatozoides y mis abuelos todavía no eran ni novios, y corrían por las calles embarradas de Pinarejo, y uno de ellos vestía uniforme militar, pero parece que se enamoro de la tierra manchega y de unas ideas, que por entonces comenzaban a brillar...

Claro, que todo eso es un suponer, que yo no estaba y no me puedo acordar, aunque algunas de esas cosas si las he vivido, pero solo una “mieja.”   Ahora, hasta los jueves, han pasado a domingo y los domingos, ya no son lo que eran…

 ©Paco Arenas






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