domingo, 13 de noviembre de 2016

Escribir, un parto doloroso y placentero a la vez.


Pretender comer o beber, aunque solo sea agua,  de las hojas de los libros que escribes es de insensatos; no obstante...Algunos se hacen millonarios. 
La tinta es sangre. Nadie que escribe puede pretender hacerlo para ganar dinero, ojalá.

 Decía Jorge Amado, que escribir es como un parto:

“Me divierto mucho escribiendo. Pero sufro horrores, porque escribir es un parto. Además, terminar es como salir de una amistad, de un romance. Se produce un corte doloroso, porque todo sale de tus tripas, de tu corazón. Se sufre mucho en la creación, porque es la creación de una vida.”


Me identifico bastante con Jorge Amado, en esas palabras y otras muchas. Escribir es doloroso y placentero a la vez, leer, por el contrario, para mí, es placentero, en ocasiones casi orgásmico. Un placer al cual cada día renuncia más gente.    Escribir y leer es como una droga, un vicio, al cual me resulta imposible renunciar. Me siento feliz escribiendo, llevo haciéndolo años; además por amor al arte. Casi un millón visitas han pasado por mis dos blogs principales, casi 800.000 España por la República, y más de 200.000 Pisando barro, soñando palabras, además de mis colaboraciones en páginas mucho más importantes.

La persona que escribe, escritor, escribidor, escribiente…, debe reflejar lo que ve, lo que siente, tomar partido sin importarle las consecuencias, no partido político, o sí, debe tomar partido por los pobres, por los que sufren, por quienes no tienen nada, los maltratados, los invisibles…Darles voz y humildemente ponerte a su servicio.

En cierto modo, eso me pasa a mí, como consecuencia la gente para la que escribo, es la que menos poder adquisitivo tiene para gastárselo en un libro. Recibo muchos elogios, que agradezco en el alma, pero si tuviese que vivir de esto, estaría apañado. Muchos me dicen que debería descafeinarme, que se me nota mucho la vena social y que seguramente vendería más libros si fuese aséptico y no molestase a quienes tienen ese poder adquisitivo para comprar mis libros.

Supongo, que, si son buenos, con el tiempo se venderán, si por el contrario son malos, todo podría ser, yo no tengo el criterio objetivo para decirlo, se venderán poco y perecerán en las llamas del olvido.  Estoy desempleado, sin cobrar ningún subsidio, y sin esperanzas de encontrar trabajo, así que, de momento, no tengo otra cosa mejor que hacer: leer y escribir y si además vendo algún libro, mejor que mejor.

Gracias.


 Fotomontaje realizado a partir del cuadro de  Carl Spitzweg, El poeta pobre (1839).
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