martes, 22 de noviembre de 2016

Hablar de Caricias rotas y la violencia de género, un reto



No he sido yo de retos, por mucho que toda vida sea un reto, y más para alguien sin formación académica, que salió de la escuela antes de terminar de cambiar los dientes, y ahora escribe libros, lo parezca. Siempre me he limitado a dejarme llevar, eso sí, haciendo frente lo mejor que he sabido a las circunstancias.
Cuando me hice tabernero, mi único afán era trabajar y ganarme el sustento con el sudor de mi frente, procurando que la gente al salir del bar, desease regresar. Me salió bien, pero no fue un reto. Jamás me he planteado nada como si fuese un desafío, incluso cuando de nuevo me planteé volver a escribir, lo hice por diversión, por placer; tal vez, por compromiso social…
Con Los manuscritos de Teresa Panza, disfrute lo indecible escribiéndolos, dudo que ningún lector se haya reído o disfrutado más que yo. A pesar de lo complicado del estilo, me resultaba fácil, soy un enamorado del Quijote y de los clásicos de la literatura castellana, puedo estar horas hablando de don Quijote, de La Celestina o El Lazarillo sin problemas.
Caricias rotas, es diferente, sufrí al escribir la novela, sufrí al documentarme, y cuando ya estaba casi terminada, decidí dejarla aparcada y olvidarme de ella. Caricias rotas no es una novela fácil de escribir, tampoco de leer, es dura e impactante, como dicen los comentarios de los lectores, conmueve por la dura realidad que muestra. A pesar de todo, el regusto final es placentero, lanza un mensaje positivo.
A la hora de hablar de Caricias rotas, de un tema tan delicado como es la violencia machista; aunque sea en el contexto de la novela, no deja de ser un tema que puede herir muchas sensibilidades. No basta con hablar de la novela, sin más, es preciso tener tacto. Lo que se relata en la novela es la situación de muchas mujeres. Aunque, la parte dura de la acción transcurre veintidós años atrás, cuando se comenzó a hablar con claridad de esa “íntima” tragedia inmensa, que se desarrolla tras la puerta de las casas, y lo que ocurría en los hogares se consideraban cosas de familia, en las cuales nadie se debería inmiscuir la situación no ha cambiado, por desgracia no ha cambiado tanto la situación; aunque sí se ha tomado más conciencia y se está poniendo más voluntad, no la suficiente.
La concienciación debe comenzar en los hogares desde la más tierna infancia, continuar en la escuela y desarrollarse en las instituciones por medio de leyes y campañas efectivas, que no se limiten a la celebración de unos días de condena en el mes de noviembre o marzo. Son precisas leyes y protección efectiva, cosas que se están haciendo, pero no lo suficiente. No debiera ser, que la salida principal, la denuncia, pueda llegar a ser en muchos casos, la sentencia de muerte de la víctima.
La novela no aporta soluciones, no es su fin, tampoco con buscar concienciar a nadie, Caricias rotas, es tan solo eso, una novela, y por supuesto que la leerán quienes ya están concienciados, dudo que cualquier maltratador se entretenga ni tan siquiera a leer las primeras páginas. A pesar de todo, es necesaria, por desgracia, ojalá llegue el día que la violencia machista sea un estigma del pasado, y no existan hombres ni mujeres, sino personas.
En estos días tendré algunas entrevistas y hablaré sobre violencia de género; pero yo, no soy ningún experto. Es cierto que he escuchado testimonios, que tengo una opinión formada sobre lo que es la violencia machista y sus múltiples facetas, que estoy concienciado y que quiero aportar mis escasos conocimientos para para concienciar en la medida de lo posible…pero...
Una amiga, me dijo que no bastaba con hablar desde el sentido común, que era preciso estar bien informado y saber bien de lo que iba a hablar y las preguntas que podrían llegar a surgir. Sin embargo, yo no soy un experto en esas cuestiones, no puedo ni debo expresar otra que mi opinión, equivocada o no. Y por supuesto hablar de Caricias rotas, y en la medida de lo posible, intentar estar a la altura.


©Paco Arenas
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