viernes, 30 de diciembre de 2016

Nostalgia de juventud y consejos de viejo




Desde la ventana de mi memoria me he asomado a aquellos años de mi lejana juventud.   Ahora, saturadas mis sienes de nostalgia buscando entre los sueños olvidados de aquel tímido adolescente, lo de este viejo canoso, que como aquel muchacho adolece de muchas cosas, y que; sin embargo, mantiene intactos los sueños y las ganas de luchar por ellos, tanto los propios como los colectivos, mucho más importantes.   Recuerdo a aquel muchacho de frondoso cabello que bajaba la mirada ante los ojos de las muchachas, y a la vez, soñaba con decirles las palabras más hermosas, a aquel otro que leía mirando el horizonte resplandeciente en los acantilados de Can Negret, o el que corría delante de la policía con más miedo que vergüenza, pero con más ideales que miedo y vergüenza.  Casi no me acuerdo de mis primeros escarceos sexuales, y sin embargo recuerdo como mis fuese ayer mis enamoramientos platónicos, a pesar pertenecer a la misma época, más o menos. La memoria es mustia y olvidadiza para algunas cosas y como el vaho del cristal desaparece al instante, y fuerte y perseverante como acero fundido y resplandeciente en otras, que por mucho que pase el tiempo, siempre lo tienes presente.

 Me da miedo el olvido, mi mala memoria en muchas ocasiones me lleva por el sendero equivocado, hasta el punto de no escuchar ni el eco de lo que acabo de decir o pensar. Muchas veces debo apartar las hojas de las ramas para saber lo que tenía que hacer y no hice, otras veces esas mismas ramas me dan en la cara recordándome que el monótono porvenir está por escribir, y el pasado nunca vuelve, que los besos que no di, ya no los daré, y que cuando pensé decir te quiero y no lo hice perdí la oportunidad que tuve de hacerlo. Sé que cada momento, cada instante debo decir te quiero, dar los besos y abrazos que pueda, a mis hijos, mi esposa, mi familia mis amigos. El tiempo corre y no tiene retorno y si dejo pasar el tren, posiblemente, lo pierda para siempre, y mis palabras, las no escritas, jamás serán leídas y morirán, sin nacer, en el pozo profundo del silencio.

Por eso y por mil cosas más, queridos amigos:

Hacer, decir, luchar, besar, amar abrazar, acariciar, comer, saborear, vivir, soñar. follar…, todo los que podáis y si es posible un poco más, porque el pasado nunca vuelve y todo lo que no hicisteis, dijisteis luchasteis, besasteis, amasteis, abrazasteis, acariciasteis, vivisteis, saboreasteis, soñasteis o follasteis, lo habéis perdido para siempre.

©Paco Arenas
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