martes, 16 de mayo de 2017

Raíces que se enredan en las ramas (Pinarejo en el corazón)


No siempre tuve barba, no siempre tuve el pelo blanco; sin embargo, siempre tuve Pinarejo en el corazón.

Apenas he vivido la quinta parte de mi vida en mi entrañable tierra castellana, en mi querida tierra manchega, pero fue el primer barro que pisé, el primer pan que comí, el primer vino que bebí, las primeras y más hermosas palabras que escuché acompañadas de tiernos besos de madre, o aquellos abrazos acompañados de pinchantes besos de padre, los primeros relatos que escuché fueron de los labios de aquel hombre soñador que anhelaba con escapar de una tierra que maltrataba a sus hijos. Soñaba con marcharse a la República Argentina para ser libre, decir todo lo que pensaba y gritar libertad en lugar de murmurarla. para Campesino, acostumbrado al duro trabajo, no tenía miedo a los callos en las manos, sino a lo que pudiese venir después, que, en muchas ocasiones el pedrisco lo arrasará era una de ellas, pero no la única, soñaba la lluvia como soñaba con la libertad. Alguien le dijo que allá tenían cinco cosechas al año, que llovía y tenía inmensas llanuras para gritar el sagrado nombre de la libertad, y si, además, podría tener cinco cosechas al año, ¿qué más podía pedir?

Allí, en Pinarejo aprendí la magia de las letras, como la misma palabra podía sonar como un insulto o como la más tierna de las caricias. Todavía recuerdo aquellos cuentos de doña Maruja, mi primera maestra, y la curiosidad que despertaron en mi.

Allí aprendí el nombre de las estrellas, reales o inventadas, que me señalaba mi padre mirando la estrellada cúpula celeste. Después de él, nunca nadie me señalo con el dedo la Osa mayor.

Allí, sentí el dolor más inmenso que puede sufrir un chiquillo, y mis lágrimas se mezclaron con la lluvia de la tormenta que caía mientras llevaban a enterrar a Fermín Arenas.

Sí, nunca tuve barba, de mis casi mis cincuenta y ocho años, solo los ocho los pase allí, pero son mis raíces, mi sangre, la esencia de mi vida, digo tierra, madre, padre, hermano, pan, vino, sentimiento, risa, lágrima, alegría o esperanza y pienso en mi querida tierra castellana del norte de la Mancha, digo Pinarejo.

©Paco Arenas
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