jueves, 6 de julio de 2017

Venus y el despertar de los dormidos e indiferentes (una reflexión mitológica)


Marte desarmado por Venus y las Gracias es una pintura de Jacques-Louis David, 
Cuenta una leyenda romana que Cloacina, más conocida como Venus, se bañaba junto con las tres Gracias en la Cloaca Máxima de Roma, cerca de fuente Acidalia de Orcómeno, con lo cual aguas mayores y menores eran purificadas gracias su presencia, las cuales eran transformadas en el agua más cristalina y pura del mundo antiguo. A la vez, Venus, con la ayuda de las Gracias y Cupido, despertaba a los ciudadanos el deseo del goce sexual, pero también el ansia por el saber, para a través del conocimiento y el placer supiesen llegar a ser ciudadanos libres, prósperos y felices, capaces de no sentir indiferencia ante cuanto ocurriese a su alrededor, ya que Venus con la ayuda de las tres gracias y Cupido concedían y encendían en sus fieles tanto el amor físico como a todos los seres de la naturaleza. Venus y sus seguidores conocían la importancia del saber para así librar al mundo entero de las tiranías y las guerras a través de la sabiduría y la palabra, algo a lo que se oponía el dios Marte, dios de la guerra y protector de los tiranos.

Gobernaba entonces Roma un tirano de nombre desconocido, pues Venus decidió que los tiranos debían ser olvidados de la memoria de la historia. El tirano en cuestión, inspirado por Marte, era conocedor del miedo que inspiraba su presencia, y que cuanto mayor fuese el miedo de los romanos, mayor sería su poder, así que por las noches mandaba que las arpías[1] entrasen en las casas y se llevaba a capricho a todos aquellos que necesitasen para alimentar los descendientes de Ortos[2] y Cerbero[3].  El pueblo de Roma era consciente de que estaba gobernado por un cruel tirano, pero sentía un pavor impresionante a las arpías y a los descendientes de Ortos y Cerbero, lo cual les inmovilizaba.

Venus, a pesar de todo, no quiso dejar abandonada a Roma. Fue por lo que fueron a la ciudad y se metieron en la Cloaca Máxima, donde las arpías tenían también su residencia. Sin embargo, el poder de Venus era superior al de arpías y perros, pero necesitaba la ayuda de los romanos, que como sumisos súbditos permanecían dormidos e indiferentes mientras que no les tocase a ellos.  A los dormidos les molestaba la música de las risas de Venus y las Gracias, rompían las flechas de Cupido, abominaban del conocimiento, del compromiso y la verdad, querían continuar dormidos; aunque dormir fuese una pesadilla. No querían despertar porque sabían que cada día echarían en falta alguno de sus seres queridos, por haberlos secuestrado las arpías y habérselos comido los perros del tirano. Eran conscientes de que servían de alimento para los perros y bestias, también, de que sus posesiones, una vez devorados, pasaban directamente al rey de Roma.  Algunos recordaban el pavor que les produzco el primer desaparecido, el segundo también les alarmó, con el tercero, incluso, algunos se preguntaron: ¿Cuándo terminará este suplicio?

Con el tiempo las bestias del tirano eran más fuertes y numerosas, y ya no se conformaban con secuestrar a los dormidos, sino que los devoraban directamente en su cama. De nuevo, se alarmaron al abrir los ojos y ver como las bestias devoraban al primero de sus hijos, más cuando después vieron como las arpías traían con ellas buitres, alados como ellas, y dejaban los huesos de sus familiares mondos y lirondos, comiéndose las vísceras ante sus entornados ojos, que abrían para que no se diesen cuenta los sicarios y bestias del tirano y no se los comiesen a ellos, como si después del primero, no fuese el segundo y el tercero. Algunos se rebelaron, seducidos por Venus y las tres Gracias, heridos por Cupido.

 “Esto no se puede tolerar” —gritaban.

Pero fueron muy pocos y de inmediato fueron masacrados y devorados ante los ojos entreabiertos de los dormidos, que nada hicieron por levantarse contra el tirano, a pesar de que, al ser tantos, lo habrían destronado y vencido a las bestias. A pesar también, de que era seguro que terminarían también siendo devorados o esclavizados, como en realidad ya eran de su miedo.

Venus se apiado, a pesar de todo, de aquellos insensibles estúpidos indiferentes, que veían como les asesinaban, les robaban y devoraban a sus hijos, y que solo se alarmaban ante los primeros casos de cada nueva modalidad de despotismo criminal. El tirano, cuando supo de la presencia de la diosa en la Cloaca Máxima, fue más precavido; incluso, instauró la democracia, como en otras polis.  Entonces los adeptos del tirano pasaron a ser demócratas de toda la vida, y hablaban de democracia, y se le llenaba la boca de esa palabra, dándoles la voz a los dormidos, de vez en cuando, para que eligiesen a aquellos que querían que fuesen devorados. Los dormidos, creyeron al tirano y fueron eligiendo a las víctimas, a los diferentes, a los más débiles, a los más ancianos, a los más pobres, en una palabra, colaboraban con el tirano, a pesar de que cada día quedaban menos diferentes, menos débiles, menos ancianos, y más pobres, ya que el tirano, a cambio de esa deferencia les obligaba a pagar altos tributos, con lo cual, cada día eran más pobres, más enclenques y enfermizos.

No obstante, preferían cerrar los ojos ante la evidencia, taparse los oídos para no escuchar la voz de Venus, no oír la música de las tres Gracias, no sentir el picotazo de la flecha de Cupido… Todo con la esperanza de ser los últimos en ser devorados.  Dudo Venus, vio que los romanos le daban la espalda ante la música engañosa de las arpías, y los cantos de sirenas que del Egeo trajo el tirano. Venus y las tres gracias diseñaron una estrategia y se metieron en la Cloaca Máxima de Orcómeno desprovistas de toda tela, con su deslumbrante belleza deslumbraban al mismo sol, comenzando a cantar sin descanso día y noche, haciendo sonar armoniosos instrumentos musicales, que despertaban, como ya he dicho antes, a los dormidos, les hacían abrir los ojos, ser capaces de discernir entre el bien y el mal. En muchos casos lo lograban, algunos incluso se levantaron de su larga siesta para enfrentarse al tirano y a sus bestias; aunque, siendo muy pocos y estando desarmados, fueron tachados por radicales e intolerantes, enemigos de la democracia otorgada magnánimamente por el tirano a sus súbditos.  No necesito el tirano mandar a las arpías, ni a los descendientes de Ortos y Cerbero, eliminados y entregados a las bestias por los mismos durmientes.  Al final de aquel primer intento de liberación, quedaron solo los sumisos, y cada vez que Venus y las Gracias pretendían que despertasen, en ocasiones, eran apedreadas.

Los dormidos querían continuar su mal sueño, su mal sucedáneo de democracia vigilada, la pesadilla de todos. Era tal el miedo que sentían hacia un posible cambio, ahora que podían elegir a sus verdugos y algunas de las víctimas de los mismos, tal el temor que les infundía el tirano, que tras la insistente llamada a la conciencia por parte de Venus y las Gracias, armados con c piedras y palos, las emprendieron ellas, fue tanta la rabia de los dormidos contra la diosa y sus compañeras, que quedaron casi muertas, y como muertas las arrojaron a la Cloaca Máxima para que fuesen devoradas por las arpías, pero al tocar la sangre de la diosa el agua, esta, una vez más se purificó.  
Si esa misma fuerza la hubiesen utilizado para luchar contra el tirano, ya estarían liberados —pensó Venus, pero hartas, una mañana se marcharon, cansadas de intentar despertar a quien aspiraba a seguir siendo comida en las fauces del tirano, en lugar de libertos o ciudadanos. Marte había vencido.

Las aguas de la Cloaca Máxima, antes purificadas, poco a poco se transformaron en materia orgánica, la misma materia orgánica pestilente que salía de las entrañas de los habitantes de Roma, los cuales, a falta de otras viandas, gustosos consumían aquellos que prefirieron seguir durmiendo sometidos al tirano.

El aire de Roma se transformó en irrespirable, y cuando los dormidos quisieron darse cuenta, de que morirían ahogados en sus propias heces,  fue demasiado tarde. Algunos hasta llegaron a ver como el tirano se marchó con lo robado a tierras tierras,  mientras la ciudad durante varios años permaneció en la ignorancia más absoluta, sin un solo habitante que pisase sus calles, hasta que por fin el Tíber, terminó de regenerar sus aguas; aunque ya nunca fue igual que cuando se bañaba Venus en compañía de las tres Gracias y Cupido, entonces, el tirano regresó y desde el monte de las Siete Colinas se proclamó líder absoluto de los romanos, el único capaz de resucitar la grandiosa historia de Roma, el salvador de la patria romana, los romanos que habían olvidado su crueldad lo aclamaron como líder supremo y a quienes no habían perdido la memoria, intentaron recordar su pasado, abrieron bibliotecas donde contaban la historia que para que no se volviese a repetir la historia; sin embargo, muertos Ortos y Cerbero, desaparecidas las arpías y olvidados de los dioses, los echaron a los leones bajo la frase extendida por los amnésicos de "nota magis malum quam ad bonum ignotum" (más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer), porque el tirano comprendió que para continuar su reino de terror y saqueo, no había nada mejor que dar al pueblo, un poco de pan y mucho circo "panem et circenses," pan y circo) con el que olvidar el ansia por conocer la verdad y la sed de justicia, y de paso reescribir la historia con escribanos a sueldo que lo coronasen como un líder guerrero y un gran legislador.  La historia continuó bajo una máscara más amable, unas veces, más cruel otras.  

Han pasado miles de años, y la historia la siguen escribiendo los mismos, con las mismas mentiras de siempre, aceptando los pueblos a los tiranos, ahogándose los mismos en sus propias heces, olvidados de su pasado se repite la historia una y otra vez de distintas formas y maneras, sin que los dormidos despierten, para ello, los tiranos y sus partidarios hacen creer a los pueblos que "nota magis malum quam ad bonum ignotum" (más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer), sabiendo que con "panem et circenses," pan y circo) los tendrán entretenidos. 


©Paco Arenas


[1] Seres mitológicos con fuertes garras, alas y hermosos cabellos, que terminaron siendo monstruos  cada vez más sanguinarios y crueles, difusoras de la enfermedad y la suciedad.
[2] Perro de dos cabezas que se enfrentó a Heracles(Hercules), siendo vencido por el semidios.
[3] Hermano de Ortos, pero este con tres cabezas, guardián de la puerta del infierno, para que los muertos no pudiesen salir del inframundo, donde Hades era el dios máximo.
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